
- El mundo real es un símbolo, como todo lo demás que la percepción ofrece.
- No obstante, es lo opuesto a lo que tú fabricaste.
- Ves tu mundo a través de los ojos del miedo lo cual te trae a la mente los testigos del terror.
- El mundo real sólo lo pueden percibir los ojos que han sido bendecidos por el perdón, los cuales, consecuentemente, ven un mundo donde el terror es imposible y donde no se puede encontrar ningún testigo del miedo.
- El mundo real te ofrece una contrapartida para cada pensamiento de infelicidad que se ve reflejado en tu mundo, una corrección segura para las escenas de miedo y los clamores de batalla que pueblan tu mundo.
- El mundo real muestra un mundo que se contempla de otra manera: a través de ojos serenos y de una mente en paz.
- Allí sólo hay reposo.
- No se oyen gritos de dolor o de pesar, pues allí nada está excluido del perdón.
- Y las escenas que se ven son apacibles.
- Pues sólo escenas y sonidos felices pueden llegar hasta la mente que se ha perdonado a sí misma.
- ¿Qué necesidad tienen dicha mente de pensamientos de muerte, asesinato o ataque?
- ¿De qué puede sentirse rodeada sino de seguridad, amor y dicha?
- ¿Qué podría haber que ella quisiese condenar?
- ¿Y contra qué querría juzgar?
- El mundo que ve emana de una mente que está en paz consigo misma.
- No ve peligro en nada que de lo que contempla, pues es bondadosa, y lo único que ve es bondad.
- El mundo real es el símbolo de que al sueño de pecado y culpabilidad le ha llegado su fin y de que el Hij@ de Dios ha despertado.
- Y sus ojos, abiertos ahora, perciben el inequívoco reflejo del Amor de su Padre, la infalible promesa de que ha sido redimido.
- El mundo real representa el final del tiempo, pues cuando se percibe, el tiempo deja de tener objeto.
- El Espíritu Santo no tiene necesidad del tiempo una vez que éste ha servido el propósito que Él le había asignado.
- Ahora espera un sólo instante más para que Dios de el paso final y el tiempo desaparezca llevándose consigo la percepción y llevándose consigo a la verdad para que sea tal como es.
- Ese instante es nuestro objetivo, pues en él yace el recuerdo de Dios.
- Y al contemplar un mundo perdonado, Él es Quien nos llama y nos vienen a buscar para llevarnos a casa, recordándonos nuestra identidad, la cual nos ha sido restituida mediante nuestro perdón.
