«Me cuento entre l@s ministr@s de Dios.»

- No seamos hoy ni arrogantes ni falsamente humildes.
- Ya hemos superado tales necedades.
- No podemos juzgarnos a nosotros mismos, ni hace falta que lo hagamos.
- Eso no es sino aplazar la decisión y posponer entregarnos de lleno al ejercicio de nuestra función.
- Nuestro papel no es juzgar nuestra valía, ni tampoco podríamos saber cual es el mejor papel para nosotros o qué es lo que podemos hacer dentro de un plan más amplio que no podemos captar en su totalidad.
- Nuestro papel se nos asigna en el Cielo, no en el infierno.
- Y lo que pensamos que es debilidad puede ser fortaleza, y lo que creemos que es nuestra fortaleza a menudo es arrogancia.
- Sea cual sea el papel que se te haya asignado, fue seleccionado por la Voz que habla por Dios, Cuya función es asimismo hablar por ti.
- El Espíritu Santo escoge y acepta tu papel por ti, toda vez que ve tus puntos fuertes exactamente como son, y es igualmente consciente de donde se puede hacer mejor uso de ellos, con qué propósito, a quién puede ayudar y cuando.
- Él no actúa sin tu consentimiento.
- Pero no se deja engañar con respecto a lo que eres, y escucha solamente Su Voz en ti.
- Mediante esa capacidad Suya de oír una sola Voz, la cual es la Suya propia, es como por fin tú cobras conciencia de que en ti sólo hay una Voz.
- Y esa sola Voz te asigna tu función, te la comunica, y te proporciona las fuerzas necesarias para poder entender lo que es, para poder llevar a cabo lo que requiere, así como para poder triunfar en todo que hagas que tenga que ver con ella.
- Dios se une a Su Hij@ en esto, y Su Hij@ se convierte de este modo en el mensajero de la unidad junto con Él.
- Esta unión de Padre e Hij@, a través de la Voz que habla por Dios, es lo que hace que la salvación sea algo aparte del mundo.
- Esta es la Voz que habla de leyes de que el mundo no obedece, y la que promete salvarnos de todo pecado y abolir la culpabilidad de la mente que Dios creó libre de pecado.
- Ahora esta mente vuelve a tomar conciencia de Aquel que la creó y de su eterna unión consigo misma.
- Y así, su Ser es la única realidad en la que su voluntad y la Dios están unidas.
- El mensajero no escribe el mensaje que trasmite.
- Tampoco cuestiona el derecho del que lo escribe, ni pregunta porqué razón ha escogido aquellos que han de recibir el mensaje del que él es portador.
- Sólo necesita aceptarlo, llevárselo a quien va destinado y cumplir con su cometido de entregarlo.
- Si trata de determinar cuales deben ser los mensajes, cual es su propósito o adónde se deben llevar, no estará desempeñando debidamente su papel de portad@s de la Palabra.
- Hay una diferencia fundamental en le papel que desempeñan los mensajeros del Cielo que los distingue de los mensajeros del mundo.
- Los mensajes que trasmiten van dirigidos en primer lugar a ellos mism@s
- Y es únicamente en la medida que los pueden aceptar para sí que se vuelven capaces de llevarlos aún más lejos, y de trasmitirlos allí donde se dispuso que fueran recibidos.
- Al igual que los mensajeros del mundo, ellos no fueron los que escribieron los mensajes de los que son portadores, pero se convierten, en rigor, en los primeros que los reciben, a fin de prepararse para dar.
- Un mensajero terrenal cumple su misión transmitiendo todos los mensajes de que es portador.
- Los mensajeros de Dios desempeñan su papel aceptando Sus Mensajes como si fueran para ellos mismos, y demuestran que han entendido los mensajes al transmitírselos a otras personas.
- No eligen ningún papel que no les haya sido asignado por Su autoridad.
- Y de esta forma se benefician con cada mensaje que trasmiten.
- ¿Queréis recibir los mensajes de Dios?
- Pues así es como os convertís en Sus mensajeros.
- Sois nombrados ahora.
- Sin embargo, os demoráis en trasmitir los mensajes que habéis recibido.
- Y de esta forma, no os dais cuenta que son para vosotros, y así, no los reconocéis.
- Nadie puede recibir, y comprender que ha recibido, hasta que no dé.
- Pues sólo al dar puede aceptar que ha recibido.
- Vosotr@s que sois ahora los mensajeros de Dios, recibir Sus mensajes.
- Pues eso es parte de la función que se os asignó.
- Dios no ha dejado de ofreceros lo que necesitáis, ni ello ha dejado de aceptarse.
- No obstante, hay otra parte de la tarea que se os ha señalado que todavía tiene que llevarse a cabo.
- Aquel que recibió los mensajes de Dios por vosotros quisiera que vosotros también los recibierais.
- Pues de esta manera os identificáis con Él y reivindicáis lo que es vuestro.
- Esta unión es lo que nos proponemos hacer hoy.
- No trataremos de mantener nuestras mentes separadas de Aquel que habla por nosotros, pues es nuestra propia voz la que oímos cuando le prestamos atención a Él.
- Únicamente Él puede hablarnos a nosotros y hablar por nosotros, uniendo en una sola Voz el recibir y el dar de la palabra de Dios; el dar y el recibir de su Voluntad.
- Nuestra práctica de hoy consiste en darle a Él lo que es su voluntad tener de manera que podamos reconocer los dones que nos hace.
- Él necesita nuestra voz para poder para poder hablar a través de nosotros.
- Necesita nuestras manos para que acepten Sus mensajes y se los lleven a quien Él nos indique.
- Necesita nuestros pies para que estos nos conduzcan allí donde Su Voluntad dispone que vayamos, de forma que aquellos que esperan acongojados puedan por fin liberarse.
- Y necesita que nuestra voluntad se una a la Suya, para que podamos ser los verdaderos receptores de los dones que Él otorga.
- Aprendamos sólo esta lección el día de hoy: que no reconoceremos lo que hemos recibido hasta que no lo demos.
- Has oído esto cientos de veces y de cien maneras diferentes, y, sin embargo, todavía no lo crees.
- Mas ten por seguro esto: hasta que no lo creas recibirás miles y miles de milagros, pero no sabrá que Dios mismo no se ha quedado con ningún regalo que tú ya no poseas, ni le ha negado a su Hij@ la más mínima bendición.
- ¿Qué significado puede tener esto para ti a no ser que te hayas identificado con el Hij@ y con lo que es suyo?
- Nuestra lección de hoy reza así:
- Me cuento entre los ministros de Dios, y me siento agradecid@ de disponer de los medios a través de los cuales puedo llegar a reconocer que soy libre.
- El mundo retrocederá a medida que iluminemos nuestras mentes y reconozcamos la veracidad de estas santas palabras
- Pues constituyen el mensaje que hoy nos envía nuestro Creador.
- Ahora demostraremos cómo ha cambiado lo que pensábamos de nosotros mismos y de lo que nuestra función era.
- Pues al demostrar que no aceptamos ninguna voluntad que no sea la que compartimos, los numerosos dones que nuestro Creador nos otorga aparecerán de inmediato ante nuestra vista y llegará a nuestras manos, y así reconoceremos lo que hemos recibido.
¿Cómo te has sentido al hacer el ejercicio de hoy?
