«Doy los milagros que he recibido.»

- Nadie puede dar lo que no ha recibido.
- Para dar algo es preciso poseerlo antes.
- En este punto las leyes del Cielo y las del mundo coinciden.
- Pero en este punto difieren también.
- El mundo cree que para poseer una cosa tienen que conservarla.
- La salvación enseña lo contrario.
- Al dar es como reconoces que has recibido.
- Es la prueba de que lo que tienes es tuyo.
- Comprendes que estás sano cuando ofreces curación.
- Aceptas que el perdón se ha consumado en ti cuando perdonas.
- En tu hermano te reconoces a ti mismo, y así, te das cuenta de que eres pleno.
- No hay milagro que no puedas dar, pues todos te han sido dados.
- Recíbelos ahora abriendo el almacén de tu mente donde se encuentran y dándoselos al mundo.
- La visión de Cristo es un milagro.
- viene de mucho más allá de sí misma, pues refleja el Amor Eterno y el renacimiento de un amor que, aunque nunca muere, se ha mantenido velado.
- La visión de Cristo representa el Cielo, pues lo que ve es un mundo tan semejante al Cielo que lo que Dios creó perfecto puede verse reflejado en él.
- En el espejo tenebroso que el mundo presenta sólo se pueden ver imágenes distorsionadas y fragmentadas.
- El mundo representa la pureza del Cielo.
- La visión de Cristo es el milagro del que emanan todos los demás milagros.
- Es su fuente, y aunque permanece con cada milagro de das, sigue siendo tuya.
- Es el vínculo mediante el cual el que da y el que recibe se unen en el proceso de extensión aquí en la tierra, tal como son uno en el cielo.
- Cristo no ve pecados en nadie.
- Y ante Su vista, los que son incapaces de pecar son todos uno.
- Su santidad les fue otorgada por su Padre y por Cristo.
- La visión de Cristo es el puente entre los dos mundos.
- Y tú puedes tener absoluta confianza de que su poder te sacará de este mundo y te llevará a otro que ha sido santificado por el perdón.
- Las cosas que aquí parecen completamente sólidas, allí son meras sombras, trasparentes, apenas visibles, relegadas al olvido a veces e incapaz de poder opacar la luz que brilla más allá de ellas.
- A la visión se le ha restituido la santidad, y ahora los ciegos pueden ver.
- Éste es el único regalo del Espíritu Santo, el tesoro al que puedes recurrir con absoluta certeza para obtener todas las cosas que pueden contribuir a tu felicidad.
- Todas ellas ya se encuentran aquí, y se te dan sólo con que las pidas.
- Aquí las puertas no se cierran nunca, y a nadie se le niega la más mínima petición ni su necesidad más apremiante.
- No hay enfermedad que no esté ya curada, carencia que no se haya suplido, ni necesidad que no haya sido satisfecha en éste, el áureo tesoro de Cristo.
- Aquí es donde el mundo recuerda lo que perdió cuando fue construido.
- Pues aquí se le repara y se le renueva, pero bajo una nueva luz.
- Lo que estaba destinado a ser morada del pecado se convierte ahora en el centro de la redención y en el hogar de la misericordia donde se cura a todos los que sufren y donde se les da la bienvenida.
- A nadie se le niega la entrada a este nuevo hogar donde le aguarda su salvación.
- Nadie es un extraño aquí.
- Nadie le pide nada a otro salvo el regalo de aceptar la bienvenida que se le ofrece.
- La visión de Cristo es la tierra santa donde las azucenas del perdón echan raíces.
- Ése es su hogar.
- Desde ahí se pueden llevar hasta el mundo pero jamás podrán crecer en sus tierras estériles y superficiales.
- Tienen necesidad de la luz y del calor, así como del amoroso cuidado que la caridad de Cristo les provee.
- Necesitan el amor con el que Él las contempla.
- Y se convierten en Sus emisarios, que dan tal como recibieron.
- Toma lo que quieras de su depósito, para que sus tesoros puedan multiplicarse.
- Las azucenas no abandonan su hogar cuando se traen al mundo.
- Sus raíces siguen aún allá.
- No abandonan Su fuente, sino que llevan su beneficencia consigo, y convierten al mundo en un jardín como aquel del que vinieron, y, la que retornarán con una fragancia todavía mayor.
- Ahora son doblemente benditas.
- Han transmitido los mensajes de Cristo que traían y éstos les han sido devueltos.
- Y ellas se los llevan de vuelta gustosamente a Él.
- Contempla el caudal de milagros desplegados ante ti para que los des.
- ¿No eres acaso merecedor de esos mismos regalos cuando Dios Mismo dispuso que se le concediesen?
- No juzgues al Hijo de Dios, sino sigue el camino que Dios ha señalado.
- Cristo ha soñado el sueño de un mundo perdonado.
- Ese es Su regalo, a través del cual puede tener lugar una dulce transición de la muerte a la vida, de la desesperación a la esperanza.
- Permitámonos por un instante soñar con Él.
- Su sueño nos despierta a la verdad.
- Su visión nos provee de los medios por los que regresar a nuestra santidad eterna en Dios, la cual nunca perdimos.
¿Cómo te has sentido al hacer el ejercicio de hoy?
