«En Dios no hay crueldad y en mí tampoco.»

- Nadie ataca sin la intención de herir.
- En esto no hay excepciones.
- Cuando piensas que atacas en defensa propia estás afirmando que ser cruel te protege, que la crueldad te mantienen a salvo.
- Estás afirmando que herir a otro te brinda libertad.
- Y estás afirmando también que atacar cambia el estado en que te encuentras por otro mejor, más seguro, donde estás más a salvo del peligro y del temor.
- ¡Qué descabellada es la idea de que atacando es la manera de defenderse del miedo!
- Pues es aquí donde se encuentra el miedo y se le nutre de sangre para que crezca, se expanda y sea cada vez más rabioso.
- Esta es la manera de proteger el miedo, no de escaparse de él.
- Hoy aprendemos unas lección que te evitará más demoras y sufrimientos de los que te puedes imagina.
- Y es ésta:
- Tú fabricas aquello de lo que te defiendes.
- Y al defenderte contra ello haces que sea verdad e ineludible.
- Depón tus armas, y sólo entonces percibirás su falsedad.
- Parece ser un un enemigo externo a quien atacas.
- Sin embargo, al defenderte forjas un enemigo interno; un pensamiento extraño que está en guerra contigo, que te priva de paz y que divide a tu mente en dos bandos que parecen ser totalmente irreconciliables.
- Pues ahora el amor tiene un «enemigo«, un opuesto; y el miedo, el extraño, necesita que lo defiendas contra las amenaza de lo que realmente eres.
- Si examinases detenidamente los medios por los que tu ilusoria defensa propia procede a lo largo de su curso imaginario, te percatarías de las premisas sobre las que se basa la idea.
- En primer lugar, es obvio que las ideas tienen que abandonar su fuente, pues eres tú quien lanza el ataque y quien tuvo que haberlo concebido primero.
- No obstante, lanzas el ataque contra algo externo a ti y en tu mente te separas de aquel a quien atacas, completamente convencido de que la división a la que has dado lugar es real.
- En segundo lugar, los atributos del amor se le conceden a su «enemigo».
- Pues el miedo se convierte en tu refugio y en el protector de tu paz, y recurres a él en busca de solaz y de escape de cualquier duda con respecto a tu fortaleza, así como con la esperanza de poder descansar en una quietud sin sueños.
- Y al así despojar al amor de lo que le pertenece a él y sólo a él, se le dota con los atributos del miedo.
- Pues el amor te pediría que depusieses todas tus defensas por ser éstas meras necedades.
- Y ciertamente tus armas se desmoronarían y quedarían reducidas a polvo, pues eso es lo que son.
- Al tener al amor como enemigo, la crueldad se convierte necesariamente en un dios.
- Y los dioses exigen que sus seguidores obedezcan sus mandatos sin rechistar.
- A quienes cuestionan la sensatez o cuando menos la cordura de tales exigencias, se les castiga severa e implacablemente.
- Pues son sus enemigos los que son irrazonables y dementes, mientras que ellos son siempre justos y misericordiosos.
- Hoy examinaremos fríamente a ese dios cruel.
- Y nos daremos cuenta de que aunque sus labios están manchados de sangre y de que de su boca pareen salir llamas, está hecho de piedra.
- No puede hacer nada.
- No tenemos que desafiar su poder, pues no tienen ninguno.
- Y quienes ven en él su seguridad, no tienen ni guardián ni fortaleza a los que invocar en caso de peligro, ni ningún poderoso guerrero que salga en su defensa.
- Este momento puede ser terrible.
- Pero también puede ser el momento en el que te emancipas de tu abyecta esclavitud.
- Pues al estar frente a este ídolo y verlo exactamente como es, llevas a cabo una elección.
- ¿Vas a restituirle al amor lo que has procurado arrebatarle para ponerlo a los pies de ese inanimado bloque de piedra?
- ¿O vas a inventar otro ídolo que lo reemplace?
- Pues el dios de la crueldad adopta muchas formas.
- Siempre es posible encontrar otra.
- Mas no creas que el miedo es la manera de escapar del miedo.
- Recordemos lo que se ha subrayado en el texto con respecto a los obstáculos que la paz tienen que superar.
- De estos, el último, el más difícil de creer que en realidad no es nada, si bien aparenta ser un bloque sólido, impenetrable, temible e insuperable, es el miedo a Dios Mismo.
- He aquí la premisa básica que entrona como un dios al pensamiento del miedo.
- Pues el miedo es venerado por quienes le rinden culto, y el amor parece estar ahora revestido de crueldad.
- ¿De dónde ha surgido la creencia tan irracional de que hay dioses de venganza?
- El amor no ha confundido sus atributos con el miedo.
- Mas los que le rinden culto al miedo perciben su propia confusión en el enemigo del «miedo«, y la crueldad de éste como parte del amor.
- ¿Y qué podría ser ahora más temible que el corazón del Amor Mismo?
- Sus labios parecen estar manchados de sangre y de su boca parece brotar fuego.
- Pero sobre todo, Él es terrible e increíblemente cruel y siega la vida de tod@s los que lo consideran su Dios.
- No hay duda de la elección que hoy has de llevar a cabo.
- Pues hoy posarás tu mirada por última vez sobre ese bloque de piedra que tú mismo esculpiste, y dejarás de llamarle dios.
- Has llegado hasta este punto antes, pero has elegido que ese dios cruel permanezca contigo en otra forma.
- Y por eso el temor de dios se apoderó nuevamente de ti.
- Pero esta vez lo dejarás allí.
- Y la volver regresarás a un mundo nuevo, aliviado de ese peso; un mundo que no se ve a través de sus ojos ciegos; sino a través de la visión que te ha sido restituida gracias a tu elección.
- Ahora tus ojos le pertenecen a Cristo y es Él quien mira a través de ellos.
- Ahora tu voz le pertenece a Dios y se hace eco de la Suya.
- Ahora tu corazón permanecerá en paz para siempre.
- Lo has elegido a Él en lugar de los ídolos, y los atributos con los que tu Creador te bendijo te son por fin restituidos.
- La llamada a Dios ha sido oída y contestada.
- Ahora el miedo ha dado paso al amor, al Dios mismo reemplazar la crueldad.
- Padre, somos Tú
- En nosotros no hay crueldad, puesto que en Ti no la hay.
- Tu paz es nuestra.
- Y bendecimos al mundo con lo que hemos recibido exclusivamente de Ti.
- Elegimos una vez más, y elegimos asimismo por todos nuestros hermanos, sabiendo que son uno con nosotros.
- Les brindamos Tu salvación tal como la hemos recibido ahora.
- Y damos gracias por ellos que nos completan.
- En ellos vemos Tu gloria y en ellos hallamos nuestra paz.
- Somos santos porque Tu santidad nos ha liberado.
- Y te damos gracias por ello.
- Amén.
¿Cómo te has sentido al hacer el ejercicio de hoy?
