«La voluntad de Dios para mí es perfecta felicidad.»

- Hoy continuaremos con el tema de la felicidad.
- Esta idea es esencial para poder comprender el significado de la salvación.
- Todavía crees que la salvación requiere que sufras como penitencia por tus «pecados».
- Pero no es así.
- No obstante, no podrás evitar pensar que lo es, mientras sigas creyendo que el pecado es real y que el Hijo de Dios puede pecar.
- Si el pecado es real, entonces el castigo es justo e ineludible.
- La salvación, por lo tanto, solo se puede obtener mediante el sufrimiento.
- Si el pecado es real, la felicidad no puede sino ser una ilusión, pues ambas cosas no pueden ser verdad.
- Los que pecan sólo merecen muerte y dolor, y por eso es por lo que claman.
- Pues saben que eso es lo que les espera, y que los buscará y que en algún punto y en algún lugar los encontrará, de modo que puedan saldar la deuda que tienen con Dios.
- Debido a su terror, tratan de escaparse de Él.
- Más Él los seguirá persiguiendo y ellos no podrán escapar.
- Si el pecado es real, la salvación tienen que ser dolor.
- El dolor es el costo del pecado, y si el pecado es real el sufrimiento es inevitable.
- La salvación no puede sino ser temible, pues mata, aunque lentamente, y antes de otorgar el deseado favor de la muerte a las víctimas que están casi en los huesos antes de haber sido apaciguada, los despoja de todo.
- Su ira es insaciable e inclemente, aunque totalmente justa.
- ¿Quién buscaría un castigo tan brutal?
- ¿Quién no huiría de la salvación, intentando por todos los medios ahogar la voz que se le ofrece?
- ¿Por qué habría de tratar de escuchar y aceptar Su ofrecimiento?
- Si el pecado es real, lo que le ofrece es la muerte, que le inflige cruelmente para que esté a la par de los perversos deseos de donde nace le pecado.
- Si el pecado es real, la salvación se ha vuelto tu enemigo acérrimo, la maldición de Dios contra ti que crucificaste a su Hij@.
- Hoy necesitas las sesiones de práctica.
- Los ejercicios te enseñan que el pecado no es real y que todo lo que crees que inevitablemente ha de ocurrir como consecuencia de él jamás podrá suceder, pues carece de causa.
- Acepta la Expiación con una mente receptiva que no abrigue la creencia de que has hecho del Hij@ de Dios un demonio.
- El pecado no existe.
- Practicaremos hoy este pensamiento tan a menudo como nos sea posible, pues es la base de la idea de hoy.
- La Voluntad de Dios para ti es perfecta felicidad, toda vez que el pecado no existe y el sufrimiento no tienen causa.
- La dicha es justa, y el dolor no es sino señal de que te has equivocado con respecto a ti mismo.
- No tengas miedo de la Voluntad de Dios.
- Por el contrario, ampárate en ella con absoluta confianza de que te liberará de todas las consecuencias que el pecado ha forjado en tu febril imaginación. Dí:
- La voluntad de Dios para mí es perfecta felicidad.
- El pecado no existe ni tiene consecuencias.
- Así escomo debes dar comienzo a tus sesiones de práctica.
- Luego intenta otra vez encontrar la dicha que estos pensamientos le brindarán a tu mente.
- Da gustosamente estos cinco minutos, para eliminar la pesada carga que te has echado encima al abrigar la demente creencia de que el pecado es real.
- Escápate hoy de la locura.
- Ya estás firmemente plantad@ en el camino que conduce a la libertad, y ahora la idea de hoy te da alas para acelerar tu progreso y esperanza para que vayas aún más deprisa hacia la meta de paz que te guarda.
- El pecado no existe.
- Recuerda esto hoy, y repite en silencio tan a menudo como puedas:
- La Voluntad de Dios para mí e la perfecta felicidad.
- Ésa es la verdad, pues el pecado no existe.
¿Cómo te has sentido al hacer el ejercicio de hoy?
