«Mi función y mi felicidad son una.»

- Seguramente habrás notado que en nuestras lecciones más recientes hemos hecho hincapié en la conexión que existe entre desempeñar tu función y alcanzar la felicidad.
- Esto ha sido así porque realmente tú no ves la conexión.
- Sin embargo, se trata de algo más que de una simple conexión: son una misma cosa.
- La manera en que cada una se manifiesta es distinta, pero el contenido es exactamente el mismo.
- El ego está batallando constantemente con el Espíritu Santo en torno a la cuestión fundamental que es tu función.
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- También batalla con Él constantemente con respecto qué es tu felicidad.
- No es ésta una batalla que tenga dos contendientes.
- El ego ataca y el Espíritu Santo no responde.
- Él sabe cuál es tu función.
- Él sabe qué es tu felicidad.
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- Hoy intentaremos ir más allá de esta batalla completamente absurda y arribar a la verdad con respecto a tu función.
- No nos vamos a enfrascar en argumentos fútiles con respecto a lo que es tu función.
- No vamos a tratar inútilmente de definir lo que es la felicidad ni determinar los medios para alcanzarla.
- No vamos a gratificar al ego escuchando sus ataque contra la verdad.
- Sencillamente nos alegraremos de que podemos descubrir lo que ésta es.
- El propósito de la sesión de práctica larga de hoy es que aceptes el hecho de que no sólo existe una conexión muy real entre la función que Dios te dio y tu felicidad, sino que ambas cosas son, de hecho lo mismo.
- Dios te da únicamente felicidad.
- Por lo tanto la función que Él te dio tiene que ser la felicidad, aunque parezca ser otra cosa.
- Los ejercicios de hoy son un intento de ir mas allá de estas diferencias de aspecto y de reconocer un contenido común allí donde en verdad lo hay.
- Comienza la sesión de práctica de diez o quince minutos reflexionando sobre estos pensamientos:
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- Dios me da únicamente felicidad. Él me ha dado mi función.
- Por lo tanto mi función tienen que ser la felicidad.
- Trata de ver la lógica en esta secuencia, incluso si aún no aceptas la conclusión.
- Únicamente si los dos primeros pensamientos son erróneos, podría ser falsa la conclusión.
- Reflexionemos, entonces, por un rato sobre estas premisas según practicamos.
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- La primera premisa es que Dios te da únicamente la felicidad.
- Esto, desde luego, podría ser falso, pero para que fuese falso sería preciso definir a Dios como algo que Él no es.
- El Amor no puede dispensar maldad, y lo que no es felicidad es maldad.
- Dios no puede dar lo que no tiene, ni puede tener lo que Él no es.
- Si Dios no te diese únicamente felicidad, ciertamente sería malvado.
- Y esa es la definición que crees acerca de Él si no aceptas la primera premisa.
- La segunda premisa afirma que Dios te ha dado tu función.
- Hemos visto que tu mente solo tienen dos partes.
- Una de ellas la gobierna el ego y se compone de ilusiones.
- La otra es la morada del Espíritu Santo, donde reside la verdad.
- Sólo puedes escoger entre estos dos guías, y los únicos resultados que pueden proceder de tu elección son el miedo que el ego siempre engendra o el amor que el Espíritu Santo siempre ofrece para reemplazarlo.
- Así pues, o bien fue Dios Quien estableció tu función a través de Su Voz o bien fue el ego, que tu inventaste para reemplazarlo a Él.
- ¿Cuál de estas posibilidades es verdad?
- A menos que fuese Dios Quien te dio tu función, ésta solo podría ser un regalo del ego.
- Mas ¿qué regalos puede dar el ego, cuando él mismo es una ilusión y lo único que puede ofrecer son regalos ilusorios?
- Piensa en esto durante tu sesión de práctica más larga de hoy
- Piensa asimismo en las múltiples formas que tu ilusoria función ha adoptado en tu mente, y en las muchas maneras por las que, guiad@ por el ego, trataste de encontrar la salvación.
- ¿La encontraste?
- ¿Te sentiste feliz?
- ¿Te brindaron paz?
- Hoy necesitamos ser muy honest@s
- Recuerda objetivamente los resultados que lograste y examina si en algún momento fue razonable pensar que podías encontrar la felicidad en nada que el ego jamás propusiera.
- Con todo, la única alternativa para la voz del Espíritu Santo es el ego.
- Prestarás oídos a la locura, o bien oirás la verdad.
- Trata de hacer tu elección mientras reflexionas sobre las premisas en las que se basa nuestra conclusión.
- Podemos concurrir con esta conclusión, pero no con ninguna otra, toda vez que Dios mismo concurre con nosotros al respecto.
- La idea de hoy es otro paso gigantesco hacia la percepción de lo que es lo mismo como lo mismo y de lo que es diferente como diferente.
- A un lado están las ilusiones.
- Al otro, la verdad.
- Tratemos hoy de darnos cuenta de que sólo la verdad es verdad.
- Para las sesiones de práctica más cortas, que hoy te resultarán muy beneficiosas si las llevas a cabo dos veces por hora, sugerimos la siguiente forma de aplicación:
- «Mi función y mi felicidad son una porque Dios me dio las dos.»
- No te tomará más de un minuto, y probablemente menos, repetir estas palabras lentamente y pensar en ellas por un rato mientras las dices.
¿Cómo te has sentido con el ejercicio de hoy?
