«Más allá de este mundo hay un mundo que deseo.»

- Este pensamiento es el que naturalmente sigue al que practicamos ayer.
- No puedes detenerte en la idea de que el mundo no tiene valor, pues a menos que veas que hay algo más por lo que sentirse esperanzado, no podrás evitar caer en la depresión.
- No estamos haciendo hincapié en que renuncies al mundo, sino en que lo intercambies por algo mucho más satisfactorio, algo rebosante de alegría y capaz de ofrecerte paz.
- ¿Crees acaso que este mundo puede ofrecerte eso?
- Quizá valga la pena dedicar un rato a reflexionar una vez más sobre el valor de este mundo.
- Tal vez estés dispuest@ a conceder que nada se pierde con renunciar a cualquier pensamiento que le adjudique algún valor.
- El mundo que ves es ciertamente despiadado, inestable y cruel, indiferente en lo que a ti respecta, presto a la venganza y lleno de odio inclemente.
- Da únicamente para más tarde quitar, y te despoja de todo aquello que por un tiempo creíste amar.
- En él no se puede encontrar amor duradero, porque en él no hay amor.
- Dicho mundo es el mundo del tiempo, donde a todo le llega su fin.
- ¿Cómo podría ser una pérdida, entonces, encontrar un mundo en el que es imposible perder, en el que el amor perdura eternamente y en el que el odio no existe y la venganza no tiene sentido?
- ¿Cómo podrías ser una pérdida hallar todas las cosas que realmente anhelas, y saber que no tienen fin y que perdurarán a través del tiempo exactamente tal como las deseas?
- Incluso esas cosas se intercambiarán finalmente por aquello de lo que no podemos hablar, pues desde allí te trasladarás a donde las palabras son completamente inútiles, a un silencio en el que el lenguaje, si bien no es hablado, se entiende perfectamente.
- La comunicación inequívoca y clara como la luz del día, permanece ilimitada por toda la eternidad.
- Y Dios Mismo le habla a su Hij@, así como Su Hij@ le habla a Él.
- El lenguaje en el que se comunican no tiene palabras, pues lo que se dice no puede ser simbolizado.
- Su conocimiento es directo, perfectamente compartido y perfectamente uno.
- ¡Qué lejos te encuentras de esto tú que sigues encadenado a este mundo!
- Y, sin embargo, ¿qué cerca te encontrarás cuando lo intercambies por el mundo que sí deseas!
- Ahora el último paso es seguro; ahora te encuentras a solo un instante de la intemporalidad.
- Desde aquí solo puedes mirar hacía delante, pues nunca más querrás mirar hacia atrás para ver el mundo que ya no deseas.
- He aquí el mundo que viene a ocupar su lugar, a medida que liberas a tu mente de las nimiedades que el mundo te ofrece para mantenerte prisionero.
- No le atribuyas ningún valor, y desaparecerán.
- Valóralas y te parecerán reales.
- Esas son tus dos opciones.
- ¿Qué puedes perder si eliges no valorar lo que no es nada?
- Este mundo no te ofrece nada que realmente desees, más el que eliges en su lugar ¡ése ciertamente lo deseas!
- Deja que se te conceda hoy.
- Este mundo espera tan solo a que lo elijas para ocupar el lugar de todas las cosas que buscas, pero que no deseas.
- Practica estar dispuest@ a efectuar este cambio diez minutos por la mañana, diez por la noche y una vez más entremedias.
- Comienza con lo siguiente:
- Más allá de este mundo hay un mundo que deseo.
- Elijo ver ese mundo en lugar de éste, pues no hay nada aquí que realmente desee.
- Cierra entonces los ojos al mundo que ves, y en la silenciosa oscuridad contempla cómo unas luces que no son de este mundo se van encendiendo una por una, hasta que deja de ser relevante donde comienza una y donde termina la otra al fundirse todas en una sola.
- Comienza con lo siguiente:
- Hoy las luces del cielo se inclinan ante ti, para derramar su luz sobre tus párpados mientras descansas más allá del mundo de las tinieblas.
- He aquí una luz que los ojos no pueden contemplar.
- Y, sin embargo, la mente puede verla claramente, y entender.
- Hoy se te concede un día de gracia, y nos sentimos agradecid@s por ello.
- Hoy nos damos cuenta de que lo que temías perder era sólo la pérdida.
- Ahora comprendemos que es imposible perder.
- Pues por fin hemos visto su opuesto, y damos gracias de que la elección ya se ha llevado a cabo.
- Recuerda cada hora la decisión que has tomado, y dedica un momento a confirmar tu elección dejando de un lado cualquier pensamiento que tengas en ese momento y poniendo toda tu atención brevemente en lo siguiente:
- El mundo que veo no me ofrece nada que yo desee.
- Más allá de este mundo hay un mundo que deseo.
¿Cómo te has sentido al hacer el ejercicio de hoy?
