«El perdón es la llave de la felicidad.»

- He aquí la respuesta a tu búsqueda de paz.
- He aquí lo que le dará significado a un mundo que no parece tener sentido.
- He aquí la senda que conduce a la seguridad en medio de aparentes peligros que parecen acecharte en cada recodo del camino y socavar todas tus esperanzas de poder hallar alguna vez paz y tranquilidad.
- Con esta idea todas tus preguntas quedan contestadas; con esta idea queda asegurado de una vez por todas el fin de la incertidumbre.
- La mente que no perdona vive atemorizada, y no le da margen al amor para ser lo que es ni para que pueda desplegar sus alas en paz y remontarse por encima de la confusión del mundo.
- La mente que no perdona está triste, sin esperanzas de poder hallar alivio o liberarse del dolor.
- Sufre y mora en la aflicción, merodeando en las tinieblas sin poder ver nada, convencida, no obstante, de que el peligro la acecha allí.
- La mente que no perdona vive atormentada por la duda, confundida con respecto a sí misma, así como con respecto a todo lo que ve, atemorizada y airada.
- La mente que no perdona es débil y presumida, tan temerosa de seguir adelante como de quedarse donde está , de despertar como de irse a dormir.
- Tiene miedo también de cada sonido que oye, pero todavía más del silencio; la oscuridad la aterra, más la proximidad de la luz la aterra todavía más.
- ¿Qué puede percibir la mente que no perdona sino su propia condenación?
- ¿Qué puede contemplar sino la prueba de que todos sus pecados son reales?
- La mente que no perdona no ve errores, sino pecados.
- Contempla el mundo con ojos invidentes y da alaridos al ver sus propias proyecciones alzarse par arremeter contra la miserable parodia que es su vida.
- Desea vivir, sin embargo, anhela estar muerta.
- Desea el perdón, sin embargo, ha perdido toda esperanza.
- Desea escapar, sin embargo, no puede ni siquiera concebirlo, pues ve pecado por doquier.
- La mente que no perdona vive desesperada, sin la menor esperanza de que el futuro pueda ofrecerle nada que no sea desesperación.
- Ve sus juicios con respecto al mundo, no obstante como lago irreversible, sin darse cuenta de que se ha condenado a sí misma a esta desesperación.
- No cree que pueda cambiar, pues lo que ve da testimonio de que sus juicios son acertados.
- No pregunta, pues cree saber.
- No cuestiona, convencida de que tiene razón.
- El perdón no es algo que se adquiere.
- No es algo inherente a la mente, la cual no puede pecar.
- Del mismo modo en que el pecado es una idea que te enseñaste a ti mism@, así el perdón es algo que tiene que aprender, no de ti mism@, sino del Maestro que representa tu otro Ser.
- A través de Él aprendes a perdonar al ser que crees haber hecho, y dejas que desaparezca.
- Así es como le devuelves tu mente en su totalidad a Aquel que es tu Ser y que jamás puede pecar.
- Cada mente que no perdona te brinda una oportunidad más de enseñarle a la tuya cómo perdonarse a sí misma.
- Cada una de ellas está esperando a liberarse del infierno a través de ti, y se dirige a ti implorando el Cielo aquí y ahora.
- No tiene esperanzas, pero tú te conviertes en su esperanza.
- Y al convertirte en su esperanza, te vuelves la tuya propia.
- La mente que no perdona tiene que aprender, mediante tu perdón, que se ha salvado del infierno.
- Y a medida que enseñes salvación, aprenderás lo que es.
- Sin embargo, todo cuanto enseñes y todo cuanto aprendas no procederá de ti, sino del Maestro que se te dio para que te mostrase el camino.
- Nuestra práctica de hoy consiste en aprender a perdonar.
- Si estás dispuest@, hoy puedes aprender a aceptar la llave de la felicidad y a usarla en beneficio propio.
- Dedicaremos diez minutos por la mañana y otros diez por la noche a aprender como otorgar perdón y también como recibirlo.
- La mente que no perdona no cree que Dar y Recibir sean lo mismo.
- Hoy trataremos, no obstante, de aprender que son uno y lo mismo practicando el perdón con alguien, a quien consideras un enemig@, así como con alguien a quien consideras un amig@.
- Y a medida que aprendas a verlos a ambos como uno solo, extenderemos la lección hasta ti y veremos que su escape supone el tuyo.
- Comienza la sesiones de práctica más largas pensando en alguien que no te cae bien, alguien que parece irritarte y con quien lamentarías haberte encontrado; alguien a quien detestas vehementemente o que simplemente tratas de ignorar.
- La forma en que tu hostilidad se manifiesta es irrelevante.
- Probablemente ya sabes de quien se trata.
- Ese mismo vale.
- Cierra ahora los ojos, y visualízal@ en tu mente, contémplal@ por un rato.
- Trata de percibir algún atisbo de luz en alguna parte de él-ella, algún pequeño destello que nunca antes habías notado.
- Trata de encontrar alguna chispa de luminosidad brillando a través de la desagradable imagen que de él-ella has formado.
- Continúa contemplando esa imagen hasta que veas la luz en alguna parte de ella, y trata entonces de que esa luz se expanda hasta envolver a dicha persona y transforme esa imagen en algo bueno y hermoso.
- Contempla esta nueva percepción por un rato, y luego trae a la mente la imagen de alguien a quien consideras un amig@
- Trata de transferirle la luz que aprendiste a ver entorno de quien antes fuera tu «enemig@».
- Percíbelo ahora como algo más que un amig@, pues en esa luz su santidad te muestra a tu salvador, salvado y salvando, sano e íntegro.
- Permite entonces que él te ofrezca la luz que ves en él, y deja que tu «enemigo» y tu amigo se unan para bendecirte con lo que tú les diste.
- Ahora eres uno con ell@s, tal como ell@s son uno contigo.
- Ahora te has perdonado a ti mism@.
- No te olvides a lo largo del día del papel que juega la salvación en brindar felicidad a todas las mentes que no perdonan, incluyendo la tuya.
- Cada vez que el reloj dé la hora, di para tus adentros:
- El perdón es la llave de la felicidad.
- Despertaré del sueño de que soy mortal, falible y lleno de pecado y sabré que soy perfecto Hij@ de Dios.
¿Cómo te has sentido al hacer el ejercicio de hoy?
