«En la quietud recibo hoy la Palabra de Dios.»

- Deja que hoy sea un día de quietud y de sosegada escucha.
- La Voluntad de tu Padre es que hoy oigas Su Palabra.
- Por eso te llama desde lo más recóndito de tu mente donde Él mora.
- Óyele hoy.
- No podrá haber paz hasta que Su Palabra sea oída por todos los rincones del mundo, y tu mente, escuchando en quietud, acepte el mensaje que el mundo tiene que oír para que pueda dar comienzo la serena hora de la paz.
- Este mundo cambiará gracias a ti.
- Ningún otro medio puede salvarlo, pues el plan de Dios es simplemente éste: el Hij@ libre de salvarse a sí mism@, y se le ha dado la Palabra de Dios para que sea su Guía, y Ésta se encuentra para siempre a su lado y en su mente, a fin de conducirlo con certeza a casa de Su Padre por su propia voluntad, la cual es eternamente tan libre como la de Dios.
- No se le conduce a la fuerza, sino con amor.
- No es juzgado, sino santificarlo.
- Hoy oiremos la Voz de Dios en la quietud, sin la intromisión de nuestros insignificantes pensamientos ni la de nuestros deseos personales, y sin juzgar en modo alguno Su santa Palabra.
- Tampoco nos juzgaremos a nosotr@s mismo@s hoy, pues lo que somos no puede ser juzgado.
- Nos hallamos mucho más allá de todos los juicios que el mundo ha formado contra el Hij@ de Dios.
- El mundo no lo conoce.
- Hoy no prestaremos oídos al mundo, sino que aguardaremos silenciosamente la Palabra de Dios.
- Santo Hij@ de Dios, oye a tu Padre.
- Su Voz quiere darte Su santa Palabra, para que disemines por todo el mundo las buenas nuevas de la salvación y de la santa hora de la paz.
- Nos congregamos hoy en el Trono de Dios, en el sereno lugar de tu mente donde Él mora para siempre en la santidad que creó y que nunca ha de abandonar.
- Él no ha esperado a que tu le devuelvas tu mente para darte Su Palabra.
- Él no se ocultó de ti cuando tú te alejaste por un breve periodo.
- Para Él, las ilusiones que abrigas de ti mismo no tiene ningún valor.
- Él conoce a su Hij@, y dispone que siga siendo parte de Él a pesar de sus sueños y a pesar de la locura que le hace pensar que su voluntad no es su voluntad.
- Él te habla hoy.
- Su Voz espera tu silencio, pues su palabra no puede ser oída hasta que tu mente no se haya aquietado por un rato y tus vanos deseos hayan sido acallad@s.
- Aguarda Su Palabra en silencio.
- Hay una paz en ti a la que puedes recurrir hoy a fin de que te ayude a preparar a tu santísima mente para oír la Voz que habla por su Creador.
- En tres ocasiones hoy, y en aquellos momentos que sean más conducentes a estar en silencio, deja de escuchar al mundo durante diez minutos y elige en su lugar escuchar plácidamente, la Palabra de Dios.
- Él te habla desde un lugar que se encuentra mucho más cerca de ti que tu propio corazón.
- Su voz está más cerca de ti que tu propia mano.
- Su Amor es todo lo que eres y Todo lo que Él es; Su Amor es lo mismo que tú eres y tú eres lo mismo que Él es.
- Es tu voz la que escuchas cuando Él te habla.
- Es tu Palabra la que Él pronuncia.
- Es la Palabra de la libertad y de la paz, de la unión de voluntades y propósitos; sin separación o división en única Mente del Padre y del Hijo.
- Escucha hoy a tu Ser en silencio, y deja que te diga que Dios nunca ha abandonado a Su Hij@ y que tú nunca has abandonado a tu Ser.
- Sólo necesitas estar en quietud.
- No necesitas ninguna otra regla que esta para dejar que la práctica de hoy se eleve muy por encima del pensamiento del mundo y libere tu visión de lo que ven los ojos del cuerpo.
- Sólo necesitas estar en quietud y escuchar.
- Oirás la Palabra en la que la Voluntad de Dios el Hij@ se une a la Voluntad de su Padre en total armonía con ella y sin ninguna ilusión que se interponga entre lo que es absolutamente indivisible y verdadero.
- A medida que transcurra cada hora hoy, detente por un momento y recuérdate a ti mism@ que tienes un propósito especial en éste día: recibir en la quietud la Palabra de Dios.
¿Cómo te has sentido al hacer el ejercicio de hoy?
