«La salvación es lo único que cura.»

- La palabra «cura» no puede aplicársele a ningún remedio que el mundo considere beneficioso.
- Lo que el mundo percibe como un remedio terapéutico es sólo aquello que hace que el cuerpo se sienta «mejor».
- Mas cuando trata de curar a la mente, no la considera como algo separado del cuerpo, en el que cree que ella existe.
- Sus medios de curación, por lo tanto, no pueden sino sustituir una ilusión por otra.
- Una creencia en la enfermedad adopta otra forma, y de esta manera el paciente se percibe ahora sano.
- Mas no se ha curado.
- Simplemente soñó que estaba enfermo, y en el sueño encontró una fórmula mágica para restablecerse.
- Sin embargo, no ha despertado del sueño, de modo que su mente continúa en el mismo estado que antes.
- No ha visto la luz que lo podría despertar y poner fin a su sueño.¿Qué importancia tienen en realidad el contenido de un sueño?
- Pues o bien uno está dormido o bien despierto.
- En ésto no hay términos medios.
- Los dulces sueños que el Espíritu Santo ofrece son diferentes de los del mundo, donde lo único que uno puede hacer es soñar que está despierto.
- Los sueños que el perdón le permite percibir a la mente no inducen a otra forma de sueño, a fin de que el soñador pueda soñar otro sueño.
- Sus sueños felices son los heraldos de que la verdad ha alboreado en su mente.
- Te conducen del sueño a un dulce despertar, de modo que todos los sueños desaparecen.
- Y así, sanan para toda la eternidad.
- La expiación cura absolutamente, y cura toda clase de enfermedad.
- Pues la mente que entiende que la enfermedad no es más que un sueño no se deja engañar por ninguna de las formas que el sueño pueda adoptar.
- Donde no hay culpabilidad no puede haber enfermedad, pues ésta no es sino otra forma de culpabilidad.
- La Expiación no cura al enfermo, pues eso no es curación.
- Pero sí elimina la culpabilidad que hacía posible la enfermedad.
- Y eso es ciertamente la curación.
- Pues ahora la enfermedad ha desaparecido y no queda nada a lo que pueda regresar.
- ¡Que la paz sea contigo que has sido curad@ en Dios y no en sueños vanos!
- Pues la curación tienen que proceder de la santidad, y la santidad no puede encontrarse allí donde se concede valor al pecado.
- Dios mora en templos santos.
- Allí donde ha entrado el pecado se le obstruye el paso.
- No obstante, no hay ningún lugar donde Él no esté.
- Por lo tanto el pecado no tienen un hogar donde poder ocultarse, de Su beneficencia.
- No hay lugar de l que la Santidad esté ausente, ni ninguno donde el pecado y la enfermedad puedan morar.
- Este es el pensamiento que cura.
- No hace distinciones entre una realidad y otra.
- Tampoco trata de curar lo que no está enfermo, a ser consciente únicamente de donde hay necesidad de curación.
- Ésto no es magia.
- Es simplemente un llamamiento a la verdad, la cual no puede dejar de curar, y curar para siempre.
- No es un pensamiento que juzgue una ilusión por su tamaño, su aparente seriedad o por nada que esté relacionado con la forma en que se manifiesta.
- Sencillamente se concentra en lo que es, y sabe que ninguna ilusión puede ser real.
- No tratemos hoy de curar lo que no puede enfermar.
- La curación se tienen que buscar allí donde se encuentra, y entonces aplicarse a lo que está enfermo para que se pueda curar.
- Ninguno de los remedios que el mundo suministra puede producir cambio alguno en nada.
- La mente que lleva sus ilusiones ante la verdad cambia realmente.
- No hay otro cambio que éste.
- Pues, ¿cómo puede una ilusión diferir de otra sino en atributos que no tienen sustancia, realidad , núcleo, ni nada que sea verdaderamente diferente?
- Lo que hoy nos proponemos es tratar de cambiar la mentalidad con respecto a lo que constituye la fuente de la enfermedad, pues lo que buscamos es una cura para todas las ilusiones, y no meramente alternar entre una y otra.
- Hoy vamos a tratar de encontrar la fuente de la curación, la cual se encuentra en nuestras mentes porque nuestro Padre la ubicó ahí para nosotr@s.
- Está tan cerca de nosotr@s como nosotr@s mism@s.
- Está tan cerca de nosotros como nuestro propios pensamientos, tan próxima que es imposible que se pueda extraviar.
- Sólo necesitamos buscarla y la hallaremos.
- Hoy no nos dejaremos engañar por lo que a nosotros nos parece que está enfermo.
- Hoy iremos más allá de las apariencias hasta llegar a la fuente de la curación, de la que nada está exento.
- Tendremos éxito en la medida en que nos demos cuenta de que jamás se puede hacer una distinción válida entre lo que es falso y lo que es igualmente falso.
- En esto no hay grados ni ninguna creencia de que lo que no existe puede ser más cierto en alguna de sus formas que en otras.
- Todas las ilusiones son falsas, y se pueden sanar precisamente porque no son verdad.
- Así pues, dejamos a un lado nuestros amuletos, nuestros talismanes y medicamentos, así como nuestras encantaciones y trucos mágicos de la clase que sean.
- Sencillamente permaneceremos en perfecta quietud a la escucha de la Voz de la curación, la cual curará todos los males como si de uno solo se tratase y restaurará la cordura del Hijo de Dios.
- Esta es la única Voz que puede curar.
- Hoy escucharemos una sola Voz, la cual nos habla de la verdad en la que toda ilusión acaba, y la paz retorna a la eterna y serena morada de Dios.
- Nos despertaremos oyéndolo a Él, y le permitiremos que nos hable durante cinco minutos al comenzar el día, el cual concluiremos escuchando de nuevo durante cinco minutos antes de irnos a dormir.
- Nuestra única preparación consistirá en dejar a un lado los pensamientos que constituyen una interferencia, no por separado, sino todos de una vez.
- Pues todos son los mismo.
- No hace falta distinciones entre ellos y demorar así el momento en que podamos oír a nuestro Padre hablarnos.
- Lo oímos ahora.
- Hoy venimos a Él.
- Sin nada en nuestras manos a lo que aferrarnos, y con el corazón exaltado y la mente atenta, oremos:
- La salvación es lo único que cura.
- Háblanos , Padre, para que nos podamos curar.
- Y sentiremos la salvación cubrirnos con amorosa protección y con paz tan profunda que ninguna ilusión podría perturbar nuestras mentes, ni ofrecernos pruebas de que es real.
- Esto es lo que aprenderemos hoy.
- Repetiremos cada hora nuestra plegaria de curación, y cuando el reloj no marque la hora, dedicaremos un minuto a oír la respuesta a nuestra plegaria, que se nos da según aguardamos felizmente en silencio.
- Hoy es el día en que nos llega la curación.
- Hoy es el día en que la separación le llega su fin y en el que recordamos Quien somos en verdad.
¿Cómo te has sentido al hacer el ejercicio de hoy?
