«No hay más paz que la paz de Dios.»

- Deja de buscar.
- No hallarás otra paz que la paz de Dios.
- Acepta este hecho y te evitarás de la agonía de sufrir aún más amargos desengaños, o de verte invadido por una sombría desesperación y una gélida sensación de desesperanza y de duda.
- Deja de buscar.
- No puedes hallar otra cosa que la paz de Dios, a no ser que lo que busques sea la infelicidad y el dolor.
- Este es el punto final al que en última instancia todo el mundo tiene que llegar para dejar de lado toda esperanza de hallar felicidad allí donde no la hay; de ser salvado por lo que sólo puede causar dolor; y de hacer paz del caos, dicha del dolor y Cielo del infierno.
- No sigas tratando de ganar por medio de la pérdida ni de morir para vivir.
- Pues no estarás sino pidiendo la derrota.
- No obstante, con la misma facilidad puedes pedir amor, felicidad y vida eterna en una paz que no tiene fin.
- Pide esto, y sólo puedes ganar.
- Pedir lo que ya tienes te lleva al éxito.
- Pedir que lo que es falso sea verdadero sólo puede conducir al fracaso.
- Perdónate a ti mism@ tus vanas imaginaciones y deja de buscar lo que no puedes encontrar.
- Pues, ¿qué podría ser más absurdo que buscar en el infierno una y otra vez cuando no tienes más que abrir los ojos y mirar para darte cuenta que en el Cielo se encuentra ante ti, allende el umbral de una puerta que se abre fácilmente para darte la bienvenida?
- Regresa a casa.
- Jamás encontraste felicidad en lugares extraños ni en formas que te son ajenas y que no tienen ningún significado para ti, si bien trataste de que lo tuvieran.
- No te corresponde estar en este mundo.
- Aquí eres un extraño.
- Pero te es dado encontrar los medios a través de los cuales el mundo deja de parecer una prisión o una cárcel para nadie.
- Se te concede la libertad allí donde no veías más que cadenas y puertas de hierro.
- Más si quieres hallar escapatoria tienes que cambiar de parecer con respecto al propósito del mundo.
- Permanecerás encadenado hasta que veas el mundo como un lugar bendito, liberes de tus errores a cada hermano y lo honres tal como es.
- Tú no lo creaste, así como tampoco te creaste a ti mismo.
- Y al liberar a uno, el otro es aceptado tal como es.
- ¿Qué función tiene el perdón?
- En realidad no tienen ninguna, ni hace nada, pues es desconocido en le Cielo.
- Es sólo en el infierno donde se le necesita y donde tiene una formidable función que desempeñar.
- ¿No es acaso un propósito loable ayudar al bienamado Hij@ de -dios a escapar de los sueños de maldad, que aunque son sólo fabricaciones suyas, él cree que son reales?
- ¿Quién podría aspirar a más, mientras parezca que hay que elegir entre el éxito y el fracaso, entre el amor y el miedo?
- No hay más paz que la paz de Dios porque Él sólo tienen un Hij@, que no puede construir un mundo en oposición a la Voluntad de su Padre o la suya propia, la cual es la misma que la de Él.
- ¿Qué podría esperar encontrar en semejante mundo?
- Este no puede ser real, ya que nunca fue creado.
- ¿Es acaso ahí adonde iría en busca de paz?
- ¿O bien tiene que darse cuenta de que tal como él ve el mundo, éste sólo pude engañar?
- Puede aprender, no obstante, a verlo de otra manera y encontrar la paz de Dios.
- La paz es el puente que todos habrán de escuchar para dejar atrás este mundo.
- Pero se empieza a tener paz en él cuando se le percibe de otra manera, y esta nueva percepción nos conduce hasta las puertas del Cielo y lo que yace tras ellas.
- La paz es la respuestas a las metas conflictivas, a las jornadas insensatas, a las búsquedas vanas y frenéticas y a los empeños sin sentido.
- Ahora el camino es fácil, y nos conduce por una ligera pendiente hasta el puente donde la libertad yace dentro de la paz de Dios.
- No volvamos a perder el rumbo hoy.
- Nos dirigimos al Cielo, y el camino es recto.
- Sólo si procuramos desviarnos podemos retrasarnos y perder el tiempo innecesariamente por escabrosas veredas.
- Sólo Dios es seguro, y Él guiará nuestros pasos.
- Él no abandonará a Su Hij@ necesitado, ni permitirá que se extravíe para siempre de su hogar.
- El Padre llama; el Hij@ le oirá.
- Y eso es todo lo que hay con respecto a lo que parece ser un mundo separado de Dios, en el que los cuerpos son reales.
- Ahora reina el silencio.
- Deja de buscar.
- Has llegado a donde el camino está alfombrado con las hojas de los falsos deseos que antes anhelabas, caídas ahora de los árboles de la desesperanza.
- Ahora se encuentran bajo tus pies.
- Y tú levantas la mirada y miras al Cielo con los ojos del cuerpo, que ahora te sirven sólo por un instante más.
- Por fin la paz ha sido reconocida, y tú puedes sentir como su tierno abrazo envuelve tu corazón y tu mente con consuelo y amor.
- Hoy no buscamos ídolos
- La paz no se puede encontrar en ellos.
- LA paz de Dios es nuestra, y no habremos de aceptar o querer nada más.
- ¡Qué la paz sea con nosotr@s hoy!
- Pues hemos encontrado una manera sencilla y grata de abandonar el mundo de la ambigüedad; y de reemplazar nuestros objetivos cambiantes por un sólo propósito, y nuestros sueños solitarios por compañerismo.
- Pues la paz es unión, si procede de Dios.
- Hemos abandonado toda búsqueda.
- Nos encontramos muy cerca de nuestro hogar y nos acercamos aún más a él cada vez que decimos:
- No hay más paz que la paz de Dios, y estoy content@ y agradecid@ de que así sea.
Introducción a las lecciones 181-200 en el siguiente enlace: https://heresvida.wordpress.com/2020/09/26/introduccion-a-las-lecciones-181-200-un-curso-de-milagros/
¿Cómo te has sentido al hacer el ejercicio de hoy?
