«Mi voluntad es que haya luz.»

- Hoy vamos a examinar la voluntad que compartes con Dios.
- Dicha voluntad no es lo mismo que los vanos deseos del ego, de los cuales emanan las tinieblas y la nada.
- La voluntad que compartes con Dios encierra dentro de sí todo el poder de la creación.
- Los vanos deseos del ego no se pueden compartir y, por lo tanto, no tienen poder alguno.
- Sus deseos no son infructuosos en el sentido que pueden dar lugar a un mundo de ilusiones en el cual puedes llegar a creer ciegamente.
- Desde el punto de vista de la creación, no obstante, son ciertamente infructuosos, pues no dan lugar a nada que sea real.
- Los vanos deseos y los resentimientos son socios o co-fabricantes del mundo tal como lo ves.
- Los deseos del ego dieron lugar al mundo, y la necesidad del ego de abrigar resentimientos -los cuales son indispensables para sustentar este mundo- lo pueblan de figuras que parecen atacarte y hacer que tus juicios estén «justificados».
- Estas figuras se convierten en los intermediarios que el ego emplea en el tráfico de resentimientos.
- Se interponen entre tu conciencia y la realidad de tus herman@s.
- Al contemplar dichas figuras, no puedes conocer a tus herman@s ni a tu Ser.
- Pierdes conciencia de tu voluntad en esta extraña transacción en la que la culpabilidad se trueca una y otra vez, y los resentimientos aumentan con cada intercambio.
- ¿Cómo iba a haber podido crear la voluntad que el Hij@ de Dios comparte con su Padre semejante mundo?
- ¿Acaso creó Dios desastres para su Hij@?
- La creación es la Voluntad conjunta de Amb@s.
- ¿Cómo iba a crear Dios un mundo que pudiese destruirlo a Él?
- Hoy trataremos una vez más de ponernos en contacto con el mundo que está acorde con tu voluntad.
- La luz está en él porque no se opone a la Voluntad de Dios.
- No es el Cielo, pero la luz del Cielo resplandece sobre él.
- Las tinieblas han desaparecido, al igual que los vanos deseos del ego.
- Sin embargo, la luz que resplandece sobre dicho mundo es un reflejo de tu voluntad.
- Por lo tanto, es dentro de ti donde buscaremos.
- Tu imagen del mundo tan sólo puede reflejar lo que hay dentro de ti.
- Ni la fuente de la luz ni la de la oscuridad pueden encontrarse fuera de ti
- Tus resentimientos nublan tu mente, y como consecuencia de ello, observas un mundo tenebroso.
- El perdón despeja las tinieblas, reafirma tu voluntad y te permite contemplar un mundo de luz.
- Hemos subrayado repetidas veces que es fácil salvar la barrera de los resentimientos, y que ésta no puede interponerse entre tu salvación y tú.
- La razón es muy simple.
- ¿Quieres realmente estar en el infierno?
- ¿Quieres realmente gemir, sufrir y morir?
- Olvídate de los argumentos del ego que tratan de probar que todo esto es realmente el Cielo.
- Tú bien sabes que no lo es.
- Eso no puede ser lo que tú deseas para ti mism@.
- Hay un punto más allá del cual las ilusiones no pueden pasar.
- El sufrimiento no es felicidad, y la felicidad es lo que realmente deseas.
- Eso es lo que en verdad es tu voluntad.
- Y por ende, la salvación es asimismo tu voluntad.
- Tú quieres tener éxito en lo que nos proponemos hacer hoy.
- Así que lo emprendemos con tu bendición y grata conformidad.
- Tendremos éxito hoy si recuerdas que lo que quieres para ti es la salvación.
- Quieres aceptar el plan de Dios porque eres parte integrante de él.
- No tienes ninguna voluntad que realmente se pueda oponer a este plan, ni tampoco es ese tu deseo.
- La salvación es para ti.
- Por encima de todo, quieres tener la libertad de recordar quién eres realmente.
- Hoy es el ego el que se encuentra impotente ante tu voluntad.
- Tu voluntad es libre y nada puede prevalecer sobre ella.
- Abordaremos los ejercicios de hoy, por lo tanto, con entusiasmo y confianza, seguros de que encontraremos lo que es tu voluntad encontrar y de que recordaremos lo que es tu voluntad recordar.
- Ningún deseo vano puede detenernos ni engañarnos con ilusiones de fuerza.
- Deja que hoy se haga tu voluntad, y pon fin de una vez por todas a la absurda creencia de que prefieres el infierno al Cielo.
- Comenzaremos nuestras sesiones de práctica más largas reconociendo que el plan de Dios para salvación, y sólo el Suyo, es el que está en completo acuerdo con tu voluntad.
- Es el único propósito aquí con el que tú y tu Padre estáis perfectamente de acuerdo.
- Triunfarás hoy: la hora señalada para la emancipación del Hij@ de Dios del infierno y de todos los deseos vanos.
- Su voluntad queda ahora reinstaurada en su conciencia.
- Él está dispuesto hoy mismo a contemplar la luz que mora en él y a salvarse.
- Después que te hayas recordado esto a ti mismo y hayas resuelto mantener tu voluntad claramente en tu mente, repite para tus adentros estas palabras con templada determinación y tranquila certeza:
-
- Mi voluntad es que haya luz.
- Quiero contemplar la luz que refleja la Voluntad de Dios y la mía.
- Deja entonces que tu voluntad se afirme a sí misma, unida al poder de Dios y en unión con tu Ser.
- Pon el resto de la sesión de práctica bajo Su dirección.
- Únete a Ellos que te señalan el camino.
-
- En las sesiones de práctica más cortas, declara nuevamente lo que realmente deseas. Di:
-
- Mi voluntad es que haya luz.
- La oscuridad no es mi voluntad.
- Debes repetir esto varias veces por hora.
- Es de suma importancia, no obstante, que apliques esta idea de inmediato si te sientes tentad@ de abrigar cualquier clase de resentimiento.
- Esto te ayudará a desprenderte de todos ellos en lugar de seguir abrigándolos y ocultándolos en la oscuridad.
-
¿Cómo te has sentido al hacer los ejercicios de hoy?
