«Yo estoy en mi hogar. El miedo es el que es un extraño aquí.»

- El miedo es un extraño en los caminos del amor.
- Identifícate con el miedo y te vuelves un extraño ante tus propios ojos.
- Y de este modo, no te conocerlas a mism@.
- Lo que tu Ser es sigue siendo algo ajeno para la parte de ti que cree que es real, aunque diferente de ti.
- ¿Quién podría estar en su sano juicio en tales circunstancias?
- ¿Quién sino un loco podría creer que es él lo que no es, y juzgar en contra de sí mismo?
- Hay un extraño entre nosotros que procede de una idea tan ajena a la verdad que habla un idioma distinto, percibe un mundo que la verdad desconoce y entiende aquello que la verdad juzga como carente de sentido.
- Pero aún más extraño es el hecho de que no reconoce a aquel a quien visita, y sin embargo sostiene que el hogar de éste es suyo, mientras que él que está en su hogar es el que es el extraño.
- No obstante, qué fácil sería decir: «Este es mi hogar»
- «Aquí es donde me corresponde estar y no me iré porque un loco me diga que tengo que hacerlo.»
- ¿Qué razón hay para no decir esto?
- ¿Cuál podría ser la razón sino que has invitado a ese extraño a ocupar tu lugar, y has permitido convertirte en un extraño ante tus propios ojos?
- Nadie se dejaría desahuciar tan innecesariamente a no ser que pensase que hay otro hogar que está más de acuerdo con sus gustos.
- ¿Quién es el extraño
- ¿A quién no le corresponde estar en el hogar que Dios proveyó para Su Hij@, a ti o al miedo?
- ¿Es acaso el miedo obra Suya, creado a su semejanza?
- ¿Es acaso el miedo lo que el amor completa y mediante lo cual se completa a sí mismo?
- No hay hogar que pueda darle cobijo al amor y al miedo, pues no pueden coexistir.
- Si tú eres real, el miedo no puede sino ser una ilusión.
- Mas si el miedo es real, entonces eres tú el que no existe.
- ¡Que fácilmente se puede resolver este dilema!
- Todo aquel que teme no ha hecho sino negar su verdadera identidad y decir: «Yo soy el extraño aquí. De modo que le cedo mi hogar a uno que es más como yo que yo mismo, y le doy todo cuanto pensé que era mío».
- Ahora se ha exiliado por la fuerza, sin saber quien es, inseguro de todo, menos de esto: que él no es él mismo, y que se le ha negado su hogar.
- ¿En pos de qué va a ir ahora?
- ¿Qué podría encontrar?
- Alguien que se ha convertido en un extraño ante sus propios ojos no puede encontrar un hogar, no importa donde lo busque, pues él mismo ha imposibilitado su regreso.
- Está perdido a menos que un milagro venga y le muestre que ya no es un extraño.
- El milagro vendrá.
- Pues su Ser sigue morando en su hogar.
- Y su Ser no ha invitado a ningún extraño ni se ha confundido a Si Mismo con ningún pensamiento ajeno a Él.
- E invocará a lo que es Suyo a Si Mismo en reconocimiento de lo que es Suyo.
- ¿Quien es el extraño?
- No es acaso Aquel a quien tu Ser no invoca?
- Ahora eres incapaz de reconocer a ese extraño que merodea entre vosotros, pues le has cedido tu legítimo lugar.
- No obstante, tu Ser está tan seguro de lo que es Suyo como Dios lo está de Su Hij@.
- Dios no está confundido con respecto a la creación.
- Está seguro de lo que es Suyo.
- Ningún extraño se puede interponer entre Su conocimiento y la realidad de Su Hij@.
- Él no sabe de extraños.
- Él está seguro de Su Hij@.
- La certeza de Dios es suficiente.
- A aquel a quien Él reconoce como Su Hij@ le corresponde estar allí donde Él estableció a Su Hij@ para siempre.
- Él ha contestado tu pregunta: «¿quién es el extraño?»
- Oye Su Voz asegurarte, con serenidad y certeza, que tú no eres un extraño para tu Padre ni tu Creador se ha vuelto un extraño para ti.
- Aquel a quien Dios se ha unido es eternamente uno, pues está en su hogar en Él, y no es un extraño para Si Mismo.
- Hoy damos gracias de que Cristo haya venido a buscar en el mundo lo que es Suyo.
- Su visión no ve extraños, sino que contempla a los Suyos y se une a ellos jubilosamente.
- Ellos lo ven como un extraño, pues no se reconocen a si mismos.
- No obstante, a medida que le den la bienvenida, lo recordarán.
- Y Él los conducirá dulcemente de regreso a su hogar, donde les corresponde estar.
- Cristo no se olvida de nadie.
- No deja de darte ni uno solo de tus hermanos para que los recuerdes a todos, de manera que tu hogar pueda ser pleno y perfecto, tal como fue instituido.
- Él no se ha olvidado de ti.
- Más tú no lo podrás recordar a Él hasta que contemples todo tal como Él lo hace.
- El que niega a su hermano lo está negando a Él, y, por lo tanto, se está negando a aceptar el don el don de la visión mediante el cual puede reconocer a su Ser claramente, recordar su hogar y alcanzar la salvación.
¿Cómo te has sentido al hacer el ejercicio de hoy?
