«La paz del mundo refulge en mí ahora.»

- ¿Por qué esperar al Cielo?
- Quienes buscan la luz están simplemente cubriéndose los ojos.
- La luz ya está en ellos.
- La iluminación es simplemente un reconocimiento, no un cambio.
- La luz es algo ajeno al mundo, y tú en quien mora la luz eres asimismo un extraño aquí.
- La luz vino contigo desde tu hogar natal, y permaneció contigo, pues es tuya.
- Es lo único que trajiste contigo de Aquel que es tu Fuente.
- Refulge en ti porque ilumina tu hogar, y te conduce de vuelta al lugar de donde vino y donde finalmente estás en tu hogar.
- Esta luz no se puede perder.
- ¿Por qué esperar a encontrarla en le futuro, o creer que se ha perdido o que nunca existió?
- Es tan fácil contemplarla que los argumentos que demuestran que no puede existir se vuelven irrisorios.
- ¿Quién podría negar la presencia de lo que contempla en sí mism@?
- No es difícil mirar en nuestro interior, pues ahí nace toda visión.
- Lo que se ve, ya sea en sueños o procedente de una Fuente más verdadera, no es más que una sombra de lo que se ve a través de la visión interna.
- Ahí comienza la percepción y ahí termina.
- No tienen otra fuente que esta.
- La paz de Dios refulge en ti ahora, y desde tu corazón se extiende por todo el mundo.
- Se detienen a acariciar cada cosa viviente, y le deja una bendición que ha de perdurar para siempre.
- Lo que da no puede sino ser eterno.
- Elimina todo pensamiento de lo efímero y de lo que carece de valor.
- Renueva todo el mundo, y todo el mundo se une para darte las gracias a ti que das y a ti que has recibido
- El resplandor de tu mente le recuerda al mundo lo que ha olvidado, y éste a su vez restituye esa memoria en ti.
- Desde ti la salvación irradia dones inconmensurables, que se dan y se devuelven.
- A ti que das el regalo, Dios Mismo te da las gracias.
- Y la luz que refulge en ti se vuelve aún más brillante con Su bendición, sumándose a sí a los regalos que tienes para ofrecérselos al mundo.
- La paz de Dios jamás se puede contener.
- El que la reconoce dentro de sí tiene que darla.
- Y los medios a través de los que puede hacerlo residen en su entendimiento.
- Puede perdonar porque reconoció la verdad en él.
- La paz de Dios refulge en ti ahora así como en cada cosa viviente.
- En la quietud la paz de Dios se reconoce universalmente.
- Pues lo que tu visión interna contempla es tu percepción del universo.
- Siéntate en silencio y cierra los ojos.
- La luz en tu interior es suficiente.
- Sólo ella puede darte el don de la visión.
- Ciérrate al mundo exterior, y dale alas a tus pensamientos para que lleguen hasta la paz que yace dentro de ti.
- Ellos conocen el camino.
- Pues los pensamientos honestos, que no están mancillados por el sueño de cosas mundanas externas a ti, se convierten en los santos mensajeros de Dios Mismo.
- Estos son los pensamientos que piensas con Él.
- Ellos reconocen su hogar y apuntan con absoluta certeza hacia su Fuente, donde Dios el Padre y el Hij@ son uno.
- La paz de Dios refulge sobre ellos, pero ellos no pueden sino permanecer contigo también, pues nacieron en tu mente, tal como tu mente nació en la de Dios.
- Te conducen de regreso a la paz, desde donde vinieron con el sólo propósito de recordarte como regresar.
- Ellos acatan la Voz de tu Padre cuando tú te niegas a escuchar.
- Y te instan dulcemente a que aceptes Su Palabra acerca de lo que eres en lugar de fantasías y sombras.
- Te recuerdan que eres el co-creador de todas las cosas que viven.
- Así como la Paz de Dios refulge en ti, refulge también en ellas.
- El propósito de las prácticas de hoy es acercarnos a la luz que mora en nosotros.
- Tomamos rienda de nuestros pensamientos errantes y dulcemente los conducimos de regreso allí donde pueden armonizarse con los pensamientos que compartimos con Dios.
- No vamos a permitir que sigan descarriados.
- Dejaremos que la luz que mora en nuestras mentes los guíe de regreso a su hogar.
- Los hemos traicionado al haberles ordenado que se apartasen de nosotros.
- Pero ahora les pedimos que regresen y los purificamos de cualquier anhelo extraño o deseo confuso.
- Y así les restituimos la santidad que es su herencia.
- De esta forma, nuestras mentes que dan restauradas junto con ellos, y reconocemos que la paz de Dios refulge todavía en nosotros, y que se extiende desde nosotros hasta todas las cosas vivientes que comparten nuestra vida.
- Las perdonamos todas, y absolvemos al mundo entero de lo que pensábamos que nos había hecho.
- Pues somos nosotros lo que construimos el mundo como queremos que sea.
- Ahora elegimos que sea inocente, libre de pecado y receptivo a la salvación.
- Y sobre él vertemos nuestra bendición salvadora, según decimos:
- La paz de Dios refulge en mí ahora.
- Que todas las cosas refuljan en mí en esa paz, y que yo las bendiga con la luz que mora en mí.
Introducción a las lecciones 181-200 en el siguiente enlace: https://heresvida.wordpress.com/2020/09/26/introduccion-a-las-lecciones-181-200-un-curso-de-milagros/
¿Cómo te has sentido al hacer el ejercicio de hoy?
