«Gobierno mi mente, la cual sólo yo debo gobernar.».

- Tengo un reino que gobernar.
- Sin embargo, a veces no parece que yo sea su rey en absoluto.
- Sino que parece imponerse sobre mí, y decirme como debo pensar y actuar y lo que debo sentir.
- No obstante, se me ha dado para que sirva cualquier propósito que yo perciba en él.
- La única función de mi mente es servir.
- Hoy la pongo al servicio del Espíritu Santo para que Él la use como mejor le parezca.
- De esta manera, soy yo quien dirige mi mente, que sólo yo puedo gobernar.
- Y así la dejo en libertad para que haga la Voluntad de Dios.
- Padre, mi mente está dispuesta hoy a recibir Tus Pensamientos y a no darle entrada a ningún pensamiento que no proceda de Ti.
- Yo gobierno mi mente, y te la ofrezco a Ti.
- Acepta mi regalo, pues es el que Tú me hiciste a mí.
