«Mía es la gloria de mi Padre».

- No permitamos hoy que la verdad acerca de nosotros se oculte tras una falsa humildad.
- Por el contrario, sintámonos agradecidos por los regalos que nuestro Padre nos ha hecho.
- ¿Sería posible acaso que pudiéramos advertir algún vestigio de pecado o de culpa en aquellos con quienes Él comparte Su gloria?
- ¡Y cómo podría ser que no nos contásemos entre ellos, cuando Él ama a Su Hijo para siempre y con perfecta constancia, sabiendo que es tal como Él lo creó?
- Te damos gracias, Padre, por la luz que refulge por siempre en nosotros.
- Y la honramos porque Tú la compartes con nosotros.
- Somos uno, unidos en esa luz y uno Contigo, en paz con toda la creación y con nosotros mismos.
