“La santidad eterna mora en mí.”

- Mi santidad está mucho más allá de mi propia capacidad de comprender o saber lo que es.
- No obstante, Dios, mi Padre, Quien la creó, reconoce que mi santidad es la Suya.
- Nuestra Voluntad conjunta sabe que así es.
- Padre, mi santidad no procede de mí.
- No es mía para dejar que el pecado la destruya.
- No es mía para dejar que sea el blanco del ataque.
- Las ilusiones pueden ocultarla, pero no pueden extinguir su fulgor ni atenuar su luz.
- Se yergue por siempre perfecta e intacta.
- En ella todas las cosas sanan, pues siguen siendo como Tú las creaste.
- Y puedo conocer mi santidad, pues pues fui creado por la Santidad Misma, y puedo conocer mi Fuente porque Tu Voluntad es que se Te conozca.
Instrucciones para la Segunda Parte de Un Curso de Milagros
