«Mi única función es la que Dios me dio.»

- La idea de hoy reafirma tu compromiso con la salvación.
- También te recuerda que no tienes ninguna otra función salvo ésa.
- Ambos pensamientos son obviamente necesarios para un compromiso total.
- La salvación no podrá ser tu único propósito mientras sigas abrigando otros.
- Aceptar la salvación como tu única función entraña necesariamente dos fases: el reconocimiento de que la salvación es tu función, y la renuncia a todas las demás metas que tu mism@ has inventado.
- Ésta es la única manera en que puedes ocupar el lugar que te corresponde entre los salvadores del mundo.
- Ésta es la única manera en que puedes decir, y decirlo en serio: «Mi única función es la que Dios me dio».
- Y ésta es la única manera en que puedes encontrar paz.
- Hoy, y durante los próximos días, reserva diez o quince minutos para una sesión de práctica más prolongada, en la que trates de entender y aceptar el verdadero significado de la idea de hoy.
- La idea de hoy te ofrece el que puedas escapar de todas las dificultades que percibes.
- Pone en tus manos la llave que abre la puerta de la paz, la cual tú mism@ cerraste.
- Es la respuesta a la incesante búsqueda en la que has estado enfrascad@ desde los orígenes de los tiempos.
- Trata, en la medida de lo posible, de llevar a cabo las sesiones de práctica más largas a la misma hora todos los días.
- Trata asimismo, de fijar esa hora de antemano, y de adherirte luego al máximo al horario establecido.
- El propósito de esto es organizar tu día de manera que hayas reservado tiempo para Dios, así como para todos los propósitos y objetivos triviales que persigues.
- Esto es parte del entrenamiento a largo plazo que tu mente necesita para adquirir disciplina, de manera que el Espíritu Santo pueda valerse de ella de manera consistente para el propósito que comparte contigo.
- En la sesión de práctica más prolongada, comienza repasando la idea de hoy.
- Luego cierra los ojos y repite la idea para tus adentros una vez más, observando tu mente con gran detenimiento a fin de poder captar cualquier pensamiento que cruce por ella.
- Al principio no trates de concentrarte exclusivamente en aquellos pensamientos que estén relacionados con la idea de hoy.
- Trata, más bien, de poner al descubierto cada pensamiento que surja para obstaculizarla.
- Toma nota de cada uno de ellos con el mayor desapego posible según se presente, y deshéchalos uno por uno a medida que te dices a ti mism@:
- Este pensamiento refleja un objetivo que me está impidiendo aceptar mi única función.
- Después de un rato, te resultará más difícil poder detectar los pensamientos que causan interferencia.
- Sigue tratando, no obstante, durante un minuto más o menos, intentando detectar algunos de los pensamientos vanos que previamente eludieron tu atención, pero sin afanarte o esforzarte innecesariamente en ello.
- Luego repite para tus adentros:
- Que en esta tabla rasa quede escrita mi verdadera función.
- No es preciso que uses estas mismas palabras, pero trata de tener la sensación de que estás dispuest@ a que tus propósitos ilusorios sean reemplazados por la verdad.
- Finalmente, repite la idea de hoy una vez más y dedica el resto de la sesión de práctica a reflexionar sobre la importancia que dicha idea tiene para ti, el alivio que su aceptación te ha de brindar al resolver todos tus conflictos de una vez por todas, y lo mucho que realmente deseas la salvación, a pesar de tus absurdas ideas al contrario.
¿Cómo te has sentido con el ejercicio de hoy?
