«No dejes que me olvide de mi función.»

- La idea de hoy es simplemente otra manera de decir: «No me dejes caer en la tentación».
- El propósito del mundo que ves es nublar tu función de perdonar y proveerte de una justificación por haberte olvidado de ella.
- Es asimismo la tentación de abandonar a Dios y a Su Hijo adquiriendo una apariencia física.
- Esto es lo que los ojos del cuerpo ven.
- Nada de lo que los ojos del cuerpo parecen ver pueden ser otra cosa que una forma de tentación, ya que ese fue el propósito del cuerpo en sí.
- Hemos aprendido, no obstante, que el Espíritu Santo tiene otro uso para todas las ilusiones que tú has forjado, y, por lo tanto, ve en ellas otro propósito.
- Para el Espíritu Santo el mundo es un lugar en el que aprendes a perdonarte a ti mism@ lo que consideras son tus pecados.
- De acuerdo con esta percepción, la apariencia física de la tentación se convierte en el reconocimiento espiritual de la salvación.
- Al repasar nuestras últimas lecciones, vemos que tu función aquí es ser la luz del mundo, y que es una función que Dios mismo te dio.
- La arrogancia del ego es lo único que te hace poner esto en duda, y el miedo del ego lo único que te induce a considerarte a ti mism@ indign@ de la tarea que Dios Mismo te encomendó.
- La salvación del mundo aguarda tu perdón porque a través de él el Hij@ de Dios se libera de todas las ilusiones, y por ende, de toda tentación.
- El Hij@ de Dios eres tú.
- Sólo desempeñando la función que Dios te dio podrás ser feliz.
- Esto se debe a que tu función es ser feliz valiéndote de los medios mediante los cuales la felicidad se vuelve inevitable.
- No hay otra manera.
- Por lo tanto, cada vez que eliges entre si desempeñar o no tu función, estás en realidad eligiendo entre ser feliz o no serlo.
- Recordemos esto hoy.
- Tengámoslo presente por la mañana, por la noche, y también a lo largo del día.
- Prepárate de antemano para todas las decisiones que tengas que tomar hoy, recordando que todas ellas son en realidad muy simples.
- Cada una te conducirá ya sea a la felicidad o a la infelicidad.
- ¿Puedes ser acaso difícil tomar una decisión tan simple?
- No permitas que la forma de la decisión te engañe.
- Complejidad en lo relativo a la forma no implica complejidad en lo relativo al contenido.
- Es imposible que el contenido de cualquier decisión aquí en la Tierra se componga de cualquier otra cosa que no sea esta simple elección.
- Esta es la única elección que el Espíritu Santo ve.
- Por lo tanto, es la única elección que existe.
- Practiquemos hoy, pues, con estos pensamientos:
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- No dejes que me olvide de mi función.
- No dejes que trate de sustituir la que Dios me dio por la mía.
- Déjame perdonar y ser feliz.
- Por lo menos una vez hoy, dedica diez o quince minutos a reflexionar acerca de esto con los ojos cerrados.
- Pensamientos afines acudirán en tu ayuda si recuerdas cuán crucial es tu función para ti y para el mundo.
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- En las aplicaciones frecuentes de la idea de hoy a lo largo del día, dedica varios minutos a repasar estos pensamientos y luego a pensar en ellos y en nada más.
- Esto te resultará difícil, sobre todo al principio, ya que aún no tienes la disciplina mental que ello requiere.
- Tal vez necesites repetir: «No dejes que me olvide de mi función» con bastante frecuencia para que te ayude a concentrarte.
- Hoy se requieren dos variaciones de las sesiones de práctica más cortas.
- Haz los ejercicios con los ojos cerrados algunas veces, tratando de concentrarte en los pensamientos que estés usando.
- En otras mantén los ojos abiertos una vez que hayas repasado los pensamientos, y luego mira a tu alrededor lenta e imparcialmente, repitiendo para tus adentros:
- Éste es el mundo que es mi función salvar.
¿Cómo te has sentido con el ejercicio de hoy?
