La luz del mundo le brinda paz a todas las mentes a través de mi perdón.

- ¿ Cuán sant@ eres tú que tienes el poder de brindar paz a todas las mentes!
- Cuán bendit@ eres que puedes aprender a reconocer los medios por lo que esto se puede lograr a través de ti!
- ¿Qué otro propósito podrías tener que pudiese brindarte mayor felicidad?
- Ciertamente eres la luz del mundo con semejante función.
- El hij@ de Dios apela a ti para su redención.
- En tus manos está poder concedérsela porque te pertenece.
- No aceptes en su lugar ningún propósito trivial ni ningún deseo insensato; o te olvidarás de tu función y dejarás al Hijo de Dios en el infierno.
- No se te está haciendo una petición vana.
- Se te está pidiendo que aceptes la salvación, para que así la puedas dar.
- Puesto que reconocemos la importancia de esta función, estaremos más que dispuest@s a recordarla tan a menudo como nos sea posible a lo largo del día.
- Empezaremos el día reconociendo nuestra función y lo concluiremos pensando en ella.
- Repetiremos lo siguiente tantas veces como nos sea posible en el transcurso del día.
- La luz del mundo le brinda paz a todas las mentes a través de mi perdón.
- Yo soy el instrumento que Dios ha designado para la salvación del mundo.
- Si cierras los ojos probablemente te resultará más fácil dejar que acudan a tu mente pensamientos afines, durante un minuto o dos que debes dedicar a reflexionar sobre esto.
- No obstante, no esperes a que se presente tal oportunidad.
- No se debe perder ni una sola ocasión para reforzar la idea de hoy.
- Recuerda que el Hij@ de Dios apela a ti para su salvación.
- ¿Y quién sino tu Ser es el Hijo de Dios?
¿Cómo te has sentido con el ejercicio de hoy?
