«No hay más voluntad que la de Dios.»

- La idea de hoy se puede considerar como el pensamiento central hacia el cual se dirigen todos nuestros ejercicios.
- La Voluntad de Dios es la única Voluntad.
- Cuando hayas reconocido esto, habrás reconocido que tu voluntad es la Suya.
- La creencia de que el conflicto es posible habrá desaparecido.
- La paz habrá reemplazado la extraña idea de que te atormentan objetivos conflictivos.
- En cuanto a la expresión de la Voluntad de Dios, no tienes otro objetivo que el Suyo.
- La idea de hoy encierra una gran paz, y lo que los ejercicios de hoy se proponen es encontrarla.
- La idea en sí es completamente cierta.
- Por lo tanto, no puede dar lugar a ilusiones.
- Sin ilusiones, el conflicto es imposible.
- Tratemos hoy de reconocer esto y de experimentar la paz que este reconocimiento nos brinda.
- Comienza las sesiones de práctica más largas repitiendo lentamente los pensamientos que siguen a continuación varias veces, con la firme determinación de comprender su significado y de retenerlos en la mente:
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- No hay más voluntad que la de Dios.
- No puedo estar en conflicto.
- Dedica entonces varios minutos a añadir pensamientos afines, tales como:
- Estoy en paz.
- Nada puede perturbarme. Mi voluntad es la de Dios.
- Mi voluntad y la de Dios son una.
- La Voluntad de Dios es que Su Hijo esté en paz.
- Durante esta fase introductoria, asegúrate de hacerle frente en seguida a cualquier pensamiento conflictivo que pueda cruzar tu mente. Di de inmediato:
- No hay más voluntad que la Dios.
- Estos pensamientos conflictivos no significan nada.
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- Si algún asunto parece ser muy difícil de resolver, resérvalo para un examen más detenido.
- Piensa en él brevemente, aunque de manera muy concreta, identificando a la persona o personas en cuestión y la situación o situaciones de que se trate, y di para tus adentros:
- No hay más voluntad que la de Dios. Yo la comparto con Él.
- Mis conflictos con respecto a ______ no pueden ser reales.
- Piensa en él brevemente, aunque de manera muy concreta, identificando a la persona o personas en cuestión y la situación o situaciones de que se trate, y di para tus adentros:
- Después de que hayas despejado tu mente de esta manera, cierra los ojos y trata de experimentar la paz a la que la realidad te da derecho.
- Sumérgete en ella y siente como te va envolviendo.
- Puede que te asalte la tentación de confundir estas prácticas con el ensimismamiento, pero la diferencia entre ambas cosas es fácil de detectar.
- Si estás llevando a cabo el ejercicio correctamente, sentirás una profunda sensación de dicha y mayor agudeza mental en vez de somnoliencia y enervamiento.
- La paz se caracteriza por la dicha.
- Cuando experimentes dicha sabrás que has alcanzado la paz.
- Si tienes sensación de estar cayendo en el ensimismamiento, repite la idea de hoy de inmediato y luego vuelve al ejercicio.
- Haz esto cuantas veces sea necesario.
- Es ciertamente ventajoso negarse a buscar refugio en el ensimismamiento, aún si no llegas a experimentar la paz que andas buscando.
- En las sesiones más cortas, que hoy se deben llevar a cabo a intervalos regulares previamente determinados, di para tus adentros:
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- No hay más voluntad que la de Dios.
- Hoy busco Su paz.
- Trata entonces de hallar lo que buscas.
- Dedicar uno o dos minutos cada media hora a hacer este ejercicio -con los ojos cerrados a ser posible- será tiempo bien empleado.
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¿Cómo te has sentido al hacer el ejercicio de hoy?
