«Que no me olvide que soy un@ con Dios.»

- Hoy volvemos a dar las gracias de que nuestra identidad se encuentre en Dios.
- Nuestro hogar está a salvo; nuestra protección garantizada en todo lo que hacemos, y tenemos a nuestra disposición el poder y la fuerza para llevar a cabo todo cuanto emprendamos.
- No podemos fracasar en nada.
- Todo lo que tocamos adquiere un brillante resplandor que bendice y que sana.
- En unión con Dios y con el universo seguimos adelante llenos de regocijo, teniendo presente el pensamiento de que Dios Mismo va con nosotr@s a todas partes.
- ¡Cuan santas son nuestras mentes!
- Todo cuanto vemos refleja la santidad de la mente que es una con Dios y consigo misma.
- ¡Cuan fácilmente desaparecen los errores y la muerte da paso a la vida eterna!
- Nuestras luminosas huellas señalan el camino a la verdad, pues Dios es nuestro compañero en nuestro breve recorrido por el mundo.
- Y aquell@s que vienen para seguirnos reconocerán el camino porque la luz que nos acompaña se regaza; si bien, no se separa de nosotr@s según seguimos a delante.
- Lo que recibimos es el eterno regalo que hemos de dar a aquell@s que han de venir después, así como a los que vinieron antes o a los que estuvieron con nosotr@s por algún tiempo.
- Y Dios que nos ama a tod@s con el amor equitativo con el que fuimos cread@s , nos sonríe y nos ofrece la felicidad que dimos.
- Hoy no pondremos en duda Su Amor por nosotr@s, ni cuestionaremos Su protección ni Su cuidado.
- Ninguna absurda ansiedad podrá venir a interponerse en nuestra fe y nuestra conciencia de Su Presencia.
- Hoy somos uno con Él en reconocimiento y en recuerdo.
- Lo sentimos en nuestros corazones.
- Sus pensamientos se encuentran en nuestras mentes y nuestros ojos ven Su hermosura en todo cuanto contemplamos.
- Hoy vemos únicamente los amoroso y o que es digno de amor.
- Lo vemos en lo que aparenta ser doloroso, y el dolor da paso a la paz.
- Lo vemos en quienes están desesperad@s; en los tristes y en los compungid@s, en quienes creen estar sol@s y amedrentad@s y a tod@s se le devuelve la tranquilidad y la paz interior en la que fueron cread@s.
- Y los vemos igualmente en los moribund@s y en los muertos, restituyéndolos así a la vida.
- Y podemos ver todo esto porque primero lo vimos en nosotr@s mism@s.
- A quienes saben que son uno con Dios jamás se les puede negar ningún milagro.
- Ni uno solo de sus pensamientos carece del poder de sanar toda forma de sufrimiento en cualquier persona, sea ésta de tiempos pasados o aún por venir, y de hacerlo tan fácilmente como en las que ahora caminan a su lado.
- Sus pensamientos son intemporales, y no tienen nada que ver con el tiempo ni con la distancia.
- Nos unimos a esta conciencia al decir que somos uno con Dios.
- Pues con estas palabras afirmamos también que estamos san@s y salvos, y que podemos salvar y sanar.
- Ahora queremos dar lo que hemos recibido.
- Pues queremos conservar lo regalos que nuestro Padre nos dió.
- Hoy deseamos tener la experiencia de que somos uno con Él, de modo que el mundo pueda compartir con nosotros nuestro reconocimiento de la realidad.
- Al nosotr@s tener esta experiencia el mundo se libera.
- Y al negar que estamos separad@s de nuestro Padre, el mundo sana junto con nosotr@s.
- ¡Que la paz sea contigo hoy!
- Asegura tu paz practicando la conciencia de que eres uno con tu Creador, tal como Él es uno contigo.
- En algún punto hoy, cuando te parezca más conveniente, dedica media hora al pensamiento de que eres uno con Dios.
- Esta es la primera vez que intentamos llevar a cabo una sesión prolongada para la cual no se establecen reglas ni se sugieren palabras especiales con las que dirigir la meditación.
- Hoy confiaremos en que la Voz de Dios nos hablará cuando lo crea oportuno, segur@s de que no habrá de fallar.
- Mora en Él durante esa media hora.
- Él se encargará del resto.
- ¡El beneficio que ello te ha de aportar no será menos porque creas que no está pasando nada!
- Quizá no estés list@ para aceptar estas ganancias.
- Pero en algún punto y en algún lugar, llegarán a tu conciencia, y no podrás sino reconocerlas cuando afloren con certeza a tu mete.
- Esta media hora estará enmarcada en oro, y cada minuto será como un diamante incrustado alrededor de ese espejo que este ejercicio te ofrece.
- Y verás en él la faz de Cristo, reflejando la tuya.
- Tal vez hoy, tal vez mañana, veas tu propia transfiguración en el espejo que esta santa media hora te presenta para que te mires en él.
- Cuando estés list@, la encontrarás allí, en tu mente, en espera de ser hallada.
- Recordarás entonces el pensamiento al que dedicaste esta media hora, y llen@ de agradecimiento darás cuenta de que jamás podrías haber invertido mejor el tiempo.
- Tal vez hoy, tal vez mañana , mires en ese espejo y comprendas que la inmaculada luz que ves emana de ti; que la hermosura que en él contemplas es la tuya propia.
- Considera esta media hora como el regalo que te hace Dios, con la certeza que lo que Él te dará a cambio será una sensación de amor que sobrepasa tu entendimiento; una dicha tan profunda que excede tu comprensión y una visión tan santa que los ojos del cuerpo no la pueden ver.
- Sin embargo, puedes tener seguridad de que algún día, tal vez hoy, tal vez mañana, entenderás, comprenderás y verás.
- Añade más gemas al marco dorado que rodea al espejo que hoy se te ofrece repitiendo cada hora para tus adentros:
- Que no se me olvide que soy un@ con Dios, en unión con tod@s mis herman@s y con mi Ser, en eterna paz y santidad.
¿Cómo te has sentido al hacer el ejercicio de hoy?
