«Deseo la paz de Dios.»

- Decir estas palabras no es nada.
- Pero decirlo de corazón lo es todo.
- Si pudieras decirlas de corazón, aunque fuera por un instante, jamás volverías a sentir pesar alguno, en ningún lugar o momento.
- Recobrarías plena conciencia del Cielo, el recuerdo de Dios quedaría completamente reinstaurado y la resurrección de toda la creación reconocida.
- No hay nadie que pueda decir estas palabras de todo corazón y no curarse.
- Ya no podría entretenerse con los sueños o creer que él mismo es un sueño.
- No podría inventar un infierno y creer que es real.
- Desea la paz de Dios, y se le concede.
- Eso es todo lo que desea y todo lo que recibirá.
- Son muchas personas las que han dicho estas palabras.
- Pero ciertamente son muy pocas las que las han dicho de todo corazón.
- No tienes más que contemplar el mundo que ves a tu alrededor para cerciorarte de cuán pocos han sido.
- El mundo cambiaría completamente sólo con que hubiese dos que estuviesen de acuerdo con que esas palabras expresan lo único que ellos anhelan.
- Dos mentes con un sólo empeño se vuelven tan fuertes que lo que disponen se convierte en la Voluntad de Dios.
- Pues las mentes solo se pueden unir en la verdad.
- En sueños, no hay dos mentes que puedan compartir la misma intención.
- Para cada una de ellas el héroe es distinto, y el desenlace deseado no es el mismo.
- Quien pierde y quien gana simplemente alternan de acuerdo con patrones cambiantes, según la proporción entre ganancia y pérdida y entre perdida y ganancia adquiere una matriz diferente o adopta otra forma.
- No obstante lo único que se puede hacer en sueños es transigir.
- A veces ello adopta la forma de una unión, pero sólo la forma.
- en los sueños nada tienen significado, pues su meta es transigir.
- Las mentes no pueden unirse en sueños.
- Sólo pueden negociar.
- Más ¿qué trato podrían hacer que les proporcionase la paz de Dios?
- Las ilusiones pasan a ocupar Su lugar.
- Y lo que Él es deja de tener significado par alas mentes dormidas empeñadas en hacer tratos, cada cual en beneficio propio y a costa de la pérdida de otros.
- Desear la paz de Dios de todo corazón es renunciar a todos los sueños.
- Pues nadie que diga estas palabras de todo corazón desea ilusiones o busca la manera de obtenerlas.
- Las ha examinado y se ha dado cuenta de que no le ofrecen nada.
- Ahora procura ir más allá de ellas, al reconocer que otro sueño sólo le ofrecería lo mismo que los demás.
- Para él , todos los sueños son uno.
- Y ha aprendido que la única diferencia entre ellos es la forma que adoptan, pues cualquiera de ellos suscitará la misma desesperación y zozobra que los demás.
- La mente que desea la paz de todo corazón debe unirse a otras mentes, pues así es como se alcanza la paz.
- Y cuando el deseo de paz es genuino, los medios para encontrarla se le conceden en una forma tal que cada mente que honradamente la busca pueda entender.
- Sea cual sea la forma en que se presente la lección, ha sido planeada para él de tal forma que si su petición es sincera, no dejará de verla.
- Más si su petición no es sincera, no habrá manera de que pueda aceptar la lección o realmente aprenderla.
- Dediquemos hoy nuestra práctica a reconocer que nuestras palabras son sinceras.
- Deseamos la paz de Dios.
- No es éste un deseo vano.
- Estas palabras no piden que se nos dé otro sueño.
- No procuran transigir, ni es su afán hacer otro trato con la esperanza de que aún haya un sueño que pueda tener éxito cuando todos los demás han fracasado.
- Decir estas palabras de corazón es reconocer la futilidad de las ilusiones y pedir lo eterno en lugar de sueños cambiantes que parecen ofrecerte distintas cosas, pero que en realidad son igualmente insubstanciales..
- Dedica hoy tus sesiones de práctica a escudriñar minuciosamente tu mente a fin de descubrir los sueños que todavía anhelas.
- ¿Qué es lo que realmente deseas de corazón?
- Olvídate de las palabras que empleas al hacer tus peticiones.
- Considera simplemente lo que crees que te brindará consuelo y felicidad.
- Pero no te desalientes por razón de las ilusiones que aún perduran, pues la forma que estas adoptan no es o que importa ahora.
- No dejes que algunos sueños te resulten más aceptables, mientras que te avergüenzas de otros y los ocultas.
- Son todos el mismo sueño.
- Y puesto que todos son el mismo, debes hacer la siguiente pregunta con respecto a cada uno de ellos: «¿Es esto lo que deseo en vez del Cielo y la paz de Dios?»
- Esta es la elección que tienes ante ti.
- No te dejes engañar pensando que es de otra manera.
- En esto no es posible transigir.
- Pues o bien pides la paz de Dios o bien pides sueños.
- Y estos vendrán a ti tal como los hayas pedido.
- Mas la paz de Dios vendrá con igual certeza para permanecer contigo para siempre.
- No desaparecerá con cada curva o vuelta del camino, para luego reaparecer sin que sea reconocible, en formas que cambian o varían con cada paso que das.
- Desea la paz de Dios.
- Y eso es lo que desean también quienes desean ir en pos de los sueños.
- Esto es lo único que pides tanto para ellos como para ti cuando haces esta petición con profunda sinceridad.
- Pues de esa manera procuras alcanzar lo que ellos desean realmente, y unes tu intención a lo que ellos quieren por encima de todas las cosas, hecho este que tal vez les sea desconocido, si bien para ti es indudable.
- Ha habido ocasiones en las que has sido débil y en las que has estado indeciso acerca de tu propósito, inseguro con respecto a lo que quieres, adónde ir a buscarlo o adónde acudir en busca de ayuda.
- Mas la ayuda ya se te ha dado.
- ¿No la provecharías ahora compartiéndola?
- Nadie que realmente busque la paz de Dios puede dejar de hallarla.
- Pues lo único que pide es dejar de engañarse a sí mismo, al negarse lo que la Voluntad de Dios dispone.
- ¿Quién que pida lo que es suyo podría quedar insatisfecho?
- ¿Quién que pida una respuesta que él puede dar puesto que dispone de ella puede decir que no se la ha contestado?
- La paz de Dios es tuya.
- La paz fue creada para ti; tu Creador te la dio y la estableció como Su propio regalo eterno.
- ¿Cómo ibas a poder fracasar cuando tan sólo estás pidiendo lo que Él dispone para ti?
- ¿Y cómo podría ser que que lo que pides fuese solamente para ti?
- No hay ningún don de dios que no sea para todos.
- Este es el atributo que distingue a los dones de Dios de todos los sueños que jamás parecieron ocupar el lugar de la verdad.
- Cuando un don de Dios ha sido pedido y aceptado por cualquiera, nadie pierde, sino que todos salen ganando.
- Dios da sólo con el propósito de unir.
- Para Él, quitar no tiene sentido.
- Y cuando tampoco lo tenga para ti, sabrás a ciencia cierta que compartes una sola Voluntad con Él, así como Él contigo.
- Y también sabrás que compartes un asola Voluntad con todos tus hermanos, cuya intención es la tuya.
- Esa es la única intención que buscamos hoy al unir nuestros deseos a la necesidad de cada corazón, al llamamiento de cada mente, a la esperanza que se encuentra más allá de toda desesperación, al amor que cada ataque quisiera ocultar y a la hermandad que el odio ha intentado quebrantar, pero que aún sigue siendo tal como Dios la creo.
- Con semejante ayuda a nuestro lado, ¿cómo íbamos a poder fracasar hoy cuando pedimos que se nos conceda la paz de Dios?
Introducción a las lecciones 181-200 en el siguiente enlace: https://heresvida.wordpress.com/2020/09/26/introduccion-a-las-lecciones-181-200-un-curso-de-milagros/
¿Cómo te has sentido al hacer el ejercicio de hoy?
