“Mía es la quietud de la paz de Dios.”

- Tal vez estemos ahora listos para pasar un día en perfecta calma.
- Si esto no fuese posible todavía, nos contentaremos y nos sentiremos más que satisfechos, con poder aprender cómo es posible pasar un día así.
- Si permitimos que algo nos perturbe, aprendamos a descartarlo y a recobrar la paz.
- Sólo necesitamos decirles a nuestras mentes con absoluta certeza: «Mía es la quietud de la paz de Dios.», y nada podrá venir a perturbar la paz que Dios mismo le dio a su Hij@.
- Padre, tu paz me pertenece.
- ¿Qué necesidad tengo de temer que algo pueda robarme lo que Tú has dispuesto sea mío para siempre?
- No puedo perder los dones que Tú me has dado.
- Por lo tanto, la paz con la que Tú agraciaste a Tu Hij@ sigue conmigo, en la quietud y en el eterno amor que Te profeso.
