«La voz de Dios me habla durante todo el día».

- Es muy posible escuchar la Voz de Dios durante todo el día sin que ello interrumpa para nada tus actividades normales.
- La parte de tu mente donde reside la verdad está en constante comunicación con Dios, tanto si eres consciente de ello como si no.
- Es la otra parte de tu mente la que opera en el mundo y la que obedece a sus leyes.
- Ésa es la parte que está constantemente distraída, y que es desorganizada y sumamente insegura.
- La parte que está escuchando a la voz de Dios es serena, está en continuo reposo y llena de absoluta seguridad.
- Es la única parte que realmente existe.
- La otra es una loca ilusión, frenética y perturbada, aunque desprovista de toda realidad.
- Trata hoy de no prestarle oídos.
- Trata de identificarte con la parte de tu mente donde la quietud y la paz reinan para siempre.
- Trata de oír la Voz de Dios llamándote amorosamente recordándote que su Creador no se ha olvidado de Su Hij@.
- Hoy necesitaremos por lo menos cuatro sesiones de práctica de cinco minutos cada una, e incluso más si es posible.
- De hecho, trataremos de oír la Voz de Dios recordándote a Dios y a tu Ser.
- Abordaremos el más santo y gozoso de todos los pensamientos llenos de confianza, sabiendo que al hacer esto estamos uniendo nuestra voluntad a la Voluntad de Dios.
- Él quiere que oigas Su Voz.
- Te la dio para que la oyeses.
- Escucha en profundo silencio.
- Permanece muy quedo y abre tu mente.
- Ve más allá de todos los sonidos estridentes e imaginaciones enfermizas que encubren tus verdaderos pensamientos y empañan tu eterno vínculo con Dios.
- Sumérgete profundamente en la paz que te espera más allá de los frenéticos y tumultuosos pensamientos, sonidos e imágenes de este mundo demente.
- No vives aquí.
- Estamos tratando de llegar a tu verdadero hogar.
- Estamos tratando de llegar a un lugar donde eres verdaderamente bienvenid@.
- Estamos tratando de llegar a Dios.
- No te olvides de repetir la idea de hoy frecuentemente.
- Hazlo con los ojos abiertos cuando sea necesario, pero ciérralos siempre que sea posible.
- Y asegúrate de sentarte quedamente y de repetir la idea cada vez que puedas, cerrando los ojos al mundo, y comprendiendo que estás invitando a la Voz de Dios a que te hable.
¿Cómo te has sentido al hacer el ejercicio de hoy?
