«No me gobiernan otras leyes que las de Dios.»

- Hemos visto antes cuantas cosas absurdas te han parecido ser la salvación.
- Cada una de ellas te ha aprisionado con leyes tan absurdas como ellas mismas.
- Sin embargo, no estás aprisionad@ por ninguna de estas cosas.
- Mas para comprender que esto es cierto, primero te tienes que darte cuenta de que la salvación no se encuentra en ninguna de ellas.
- Mientras la busques en cosas que no tienen sentido te atarás a ti mism@ a leyes que tampoco tienen sentido.
- Y de esta manera, tratarás de probar que la salvación está donde está.
- Hoy nos alegraremos de que no puedas probarlo.
- Pues si pudieses, buscarías la salvación eternamente donde no está, y jamás la hallarías.
- La idea de hoy te repite una vez más cuán simple es la salvación.
- Búscala allí donde te espera y allí la hallarás.
- No la busques en ninguna otra parte, pues no está en ninguna otra parte.
- Piensa en la liberación que te brinda el reconocimiento de que no estás atado a las extrañas y enrevesadas leyes que has promulgado para que te salven.
- Crees que realmente que te morirías de hambre a menos que tengas fajos de tira de papel moneda y montones de discos de metal.
- Crees realmente que una pequeña píldora que te tomes o que cierto fluido en inyectado en tus venas con una fina aguja te resguadará de las enfermedades y de la muerte.
- Crees realmente que estás sol@ a no ser que otro cuerpo esté contigo.
- La demencia es la que piensa estas cosas.
- Tú las llamas leyes y las anotas bajo diferentes nombres en un extenso catálogo de rituales que no sirven para nada ni tienen ningún propósito.
- Crees que debes obedecer las «leyes» de la medicina, de la economía y de la salud.
- Protege el cuerpo y te salvarás.
- Eso no son leyes, sino locura.
- El cuerpo se ve amenazado por la mente que se hace daño a sí misma.
- El cuerpo sufre sólo para que la mente no pueda darse cuenta de que es la víctima de sí misma.
- El sufrimiento corporal es una máscara de la que la mente se vale para ocultar lo que realmente sufre.
- No quiere entender que es su propia enemiga; que se ataca a sí misma y que quiere morir.
- De esto es de lo que tus «leyes» quieren salvar al cuerpo.
- Para esto es para lo que crees ser un cuerpo.
- No hay más leyes que las de Dios.
- Esto necesita repetirse una y otra vez hasta que te des cuenta de que es aplicable a todo lo que has hecho en oposición a la voluntad de Dios.
- Tu magia no tienen sentido.
- Lo que pretende salvar no existe.
- Únicamente lo que pretende ocultar te salvará.
- La leyes de Dios jamás pueden ser reemplazadas.
- Dedicaremos el día de hoy a regocijarnos de que así sea.
- No es ésta una verdad que queramos seguir ocultando.
- En lugar de ello nos daremos cuenta de que es una verdad que nos mantiene libres para siempre.
- La magia aprisiona, pero las leyes de Dios liberan.
- La luz ha llegado porque no existen más leyes que las de Él.
- Comenzaremos hoy las sesiones de práctica más largas con un breve repaso de las distintas «leyes» que hemos creído necesario atacar.
- Éstas incluyen por ejemplo, las «leyes» de la nutrición, de la inmunización, de los medicamentos, y de la protección del cuerpo de las innumerables maneras en que ésta se lleva a cabo.
- Crees también en las «leyes» de la amistad, de las «buenas « relaciones y de la reciprocidad.
- Puedes que hasta incluso creas que hay leyes que regulan lo que es de Dios y lo que es tuyo.
- Muchas «religiones» se han basado en eso.
- Dichas religiones no salvan, sino que condenan en nombre del Cielo.
- En cualquier caso, sus leyes no son más extrañas que otra «leyes» que tú crees que debes obedecer para estar a salvo.
- No hay más leyes que las de Dios.
- Deshecha hoy todas tus insensatas creencias mágicas y mantén la mente en un estado de silenciosa preparación para escuchar la Voz que te dice la verdad.
- Estás escuchando a Uno que te dice que de acuerdo con las leyes de Dios las pérdidas no existen.
- No se hacen ni se reciben pagos; no se pueden hacer intercambios.
- No hay sustitutos y ninguna cosa es remplazada por otra.
- Las leyes de Dios dan eternamente sin jamás quitar nada.
- Escucha a Aquél que te dice esto y date cuenta de cuán insensatas son las «leyes» que tú pensabas regían el mundo que creías ver.
- Sigue prestando atención.
- Él te dirá más.
- Te hablará del Amor que tu Padre te profesa, de la infinita dicha que te ofrece.
- Abramos hoy los canales de Dios y permitamos que Su Voluntad se extienda a través de nosotr@s hasta Él.
- De esta manera es como la creación se expande infinitamente.
- Su Voz nos hablará de esto, así como de los gozos del Cielo, que Sus leyes mantienen por siempre ilimitados.
- Repetiremos la idea de hoy hasta que hayamos escuchado y comprendido que no hay más leyes que las de Dios.
- Después nos diremos a nosotr@s mismos, a modo de dedicatoria con la cual concluye la sesión de práctica:
- No me gobiernan otras leyes que las de Dios.
- Repetiremos hoy esta dedicatoria tan a menudo como sea posible; por lo menos cuatro o cinco veces por hora, así como en respuesta a cualquier tentación de sentirnos sujetos a otras leyes a lo largo del día.
- Es nuestra declaración de que estamos a salvo de todo peligro y toda tiranía.
- Es nuestro reconocimiento de que Dios es nuestro Padre y que Su Hij@ se ha salvado.
¿Cómo te has sentido al hacer el ejercicio de hoy?
