«Busco únicamente lo que en verdad me pertenece.»

- La idea de hoy continúa con el tema de que la dicha y la paz no son sueños vanos.
- Tienes derecho a ellos por la razón de lo que eres.
- Te llegan procedentes de Dios, Quien no puede dejar de darte lo que Él dispone.
- Pero primero tiene que haberse preparado un lugar donde recibir Sus dones.
- Pues éstos no son bien acogidos por la mente que ha aceptado los regalos que ella misma fabricó allí donde sólo a los de Dios les corresponde estar.
- Hoy queremos deshacernos de cuanto regalo inútil nosotros mismos hayamos fabricado y depositado ante el santo altar donde sólo a los dones de Dios les corresponde estar.
- Sus dones son los que en verdad son nuestros.
- Sus dones son los que heredamos desde antes de que el tiempo comenzara, y los que seguirán siendo nuestros después de que le tiempo haya pasado a ser eternidad.
- Sus dones son los que se encuentran en nosotros ahora, pues son intemporales.
- Y no tenemos que esperar a que sean nuestros.
- Son nuestros hoy.
- Elegimos, por lo tanto, sabiendo que al elegirlos en lugar de lo que nosotros mismos hemos fabricado , no estamos sino uniendo nuestra voluntad a la de Dios y reconociendo que ambas disponen lo mismo.
- Nuestros períodos de práctica más prolongados de hoy, los cinco minutos que cada hora le dedicamos a la verdad para tu salvación, deben comenzar con lo siguiente:
- Busco únicamente lo que en verdad me pertenece, y la dicha y la paz son mi herencia.
- Deja a un lado entonces los conflictos mundanos que ofrecen otros regalos y otros objetivos que sólo pueden perseguirse en un mundo de sueños y que se componen de ilusiones, de las cuales dan testimonios.
- Nuestros períodos de práctica más prolongados de hoy, los cinco minutos que cada hora le dedicamos a la verdad para tu salvación, deben comenzar con lo siguiente:
- Dejamos todo esto a un lado y, en su lugar buscamos aquello que verdaderamente es nuestro cuando pedimos poder reconocer lo que Dios nos ha dado.
- Despejamos en nuestras mentes un santo lugar ante Su Altar, en el que sus dones de paz y felicidad son bien recibidos y al que venimos a encontrar lo que Él nos ha dado.
- Venimos llenos de confianza hoy, conscientes de que lo que Él da es lo que en verdad nos pertenece.
- Ya no deseamos nada más, pues no hay nada más que en verdad nos pertenezca.
- De esta manera, despejamos hoy el camino para Él, al reconocer simplemente que su voluntad ya se ha cumplido y que la dicha y la paz nos pertenecen por ser Sus eternos dones.
- No nos permitiremos perderlos de vista entre cada uno de los periodos en que venimos a buscarlos allí donde Él los depositó.
- Traemos a la memoria el siguiente recordatorio tan a menudo como podamos:
- Busco únicamente lo que en verdad me pertenece.
- Lo único que quiero son los dones de dicha y paz de Dios.
¿Cómo te has sentido al hacer los ejercicios de hoy?
