«¡Que los milagros reemplacen todos mis resentimientos!»

- Tal vez aún no esté completamente claro para ti el hecho de que en cada decisión que tomas estás eligiendo entre un resentimiento y un milagro.
- Cada resentimiento se alza cual tenebroso escudo de odio ante el milagro que pretende ocultar.
- Y al alzarlo ante tus ojos no puedes ver el milagro que se encuentra tras él.
- Éste, no obstante, sigue allí aguardándote en la luz, pero en lugar de él contemplas tus resentimientos.
- Hoy vamos a ir más allá de los resentimientos para contemplar el milagro en lugar de ellos.
- Invertiremos la manera cómo ves al no dejar que tu vista se detenga antes de que veas.
- No esperaremos frente al escudo de odio, sino que lo dejaremos caer, y, suavemente, alzaremos los ojos en silencio para contemplar al Hijo de Dios.
- Él te espera tras todos tus resentimientos, y a medida que dejas éstos de lado, Él aparecerá radiante de luz en el lugar que antes ocupaba cada uno de ellos.
- Pues cada resentimiento constituye un obstáculo a la visión, mas según se elimina, puedes ver al Hijo de Dios allí donde siempre ha estado.
- Él se encuentra en la luz, pero tú te encuentras en las tinieblas.
- Cada resentimiento hacía que las tinieblas fuesen aún más tenebrosas, lo cual te impedía ver.
- Hoy intentaremos ver al Hijo de Dios.
- No nos haremos los ciegos para no verlo; no vamos a contemplar nuestros resentimientos.
- Así es como se invierte la manera de ver el mundo, al nosotr@s dirigir nuestra mirada hacia la verdad y apartarla del miedo.
- Seleccionaremos a alguien que haya sido objeto de tus resentimientos, y dejando estos a un lado, lo contemplaremos.
- Quizá es alguien a quien temes o incluso odias; o alguien a quien crees amar, pero que te hizo enfadar; alguien a quien llamas amigo pero que en ocasiones te resulta pesado o difícil de complacer, alguien exigente, irritante o que no se ajusta al ideal que debería aceptar como suyo, de acuerdo con el papel que tú le has asignado.
- Ya sabes de quién se trata: su nombre ya ha cruzado tu mente.
- En él es en quien pedimos que se te muestre el Hijo de Dios.
- Al contemplarlo sin los resentimientos que has abrigado en su contra, descubrirás que lo que permanecía oculto cuando no veías, se encuentra en todo el mundo y se puede ver.
- Él que era un enemigo es más que un amigo cuando está en libertad de asumir el santo papel que el Espíritu Santo le ha asignado.
- Deja que él sea hoy tu salvador.
- Tal es su función en el plan de Dios, tu Padre.
- En nuestras sesiones de práctica más largas de hoy lo veremos asumiendo ese papel.
- Pero primero intenta mantener su imagen en tu mente tal como lo ves ahora.
- Pasa revista sus faltas, a las dificultades que has tenido con él, al dolor que te ha causado, a sus descuidos y a todos los disgustos grandes y pequeños que te ha ocasionado.
- Contempla las imperfecciones de su cuerpo así como sus rasgos más atractivos, y piensa en sus errores e incluso en sus «pecados».
- Pidámosle entonces a Aquél que conoce la realidad y la verdad de este Hij@ de Dios, que se nos conceda poder contemplarlo de otra manera y ver a nuestro salvador resplandeciendo en la luz del verdadero perdón que se nos ha concedido.
- En el santo Nombre de Dios y en el de Su Hij@, que es tan santo como Él, le pedimos:
- Quiero contemplar a mi salvador en éste a quien Tú has designado como aquel al que debo pedir que me guíe hasta la santa luz en la que él se encuentra, de modo que pueda unirme a él.
- Los ojos del cuerpo están cerrados, y mientras piensas en aquel que te agravió, deja que a tu mente se le muestre la luz que brilla en el más allá de tus resentimientos.
- En el santo Nombre de Dios y en el de Su Hij@, que es tan santo como Él, le pedimos:
- Lo que has pedido no se te puede negar.
- Tu salvador ha estado esperando esto hace mucho tiempo.
- Él quiere ser libre y hacer que su libertad sea también la tuya.
- El Espíritu Santo se extiende desde Él hasta ti, y no ve separación alguna en el Hij@ de Dios.
- Y lo que ves a través de Él os liberará a ambos.
- Mantente muy qued@ ahora, y contempla a tu radiante salvador.
- Ningún sombrío resentimiento nubla la visión que tienes de él.
- Le has permitido al Espíritu Santo expresar a través de es@ herman@ el papel que Dios le asignó a Él para que tú te pudieses salvar.
- Dios te da las gracias por estos momentos desosiego en que dejas a un lado tus imágenes para ver en su lugar el milagro de amor que el Espíritu Santo te muestra.
- Tanto el mundo como el Cielo te dan las gracias, pues ni uno solo de los pensamientos de Dios puede sino regocijarse de tu salvación y por la del mundo entero junto contigo.
- Recordaremos esto a lo largo del día, y asumiremos el papel que se nos ha asignado como parte del plan de Dios para la salvación, y no del nuestro.
- La tentación desaparece cuando permitimos que todo aquel que se cruza en nuestro camino sea nuestro salvador, rehusándonos a ocultar su luz tras la pantalla de nuestros resentimientos.
- Permite que todo aquel con quien te encuentres, o en quien pienses, o recuerdes del pasado, asuma el papel de salvador, de manera que lo puedas compartir con él.
- Por ti y por él, así como por todos los que no ven, rogamos:
- ¡Que los milagros reemplacen todos mis resentimientos!
¿Cómo te has sentido al hacer el ejercicio de hoy?
